
Fotografía ©2008 ~Just-enjoy-x3
El gobierno chileno postuló oficialmente a la ex rehén franco-colombiana Ingrid Betancourt para el Premio Nobel de la Paz versión 2009, confirmó el canciller Alejandro Foxley.
Tomado de El Universal
Ingrid Betancourt tuvó que soportar 6 años de cautiverio en el poder de las FARC. Para todos aquellos que no hemos experimentado un secuestro, es imposible imaginar el sufrimiento que trae consigo.
Sin embargo, dudo mucho que el haber sido una secuestrada, cuyo nombre traspasó las fronteras colombianas, sea suficiente mérito para un premio Nobel de paz. De ser así, que comparta escenario con los militares y policías que estuvieron más tiempo en la selva que ella. ¿Cuando la van a dejar en paz?.
Me causa mucha curiosidad todas las actividades en las cuales se ha visto embarcada nuestra posible Nobel: premiaciones internacionales, honorarios en diferentes países e incluso una intervención en la Organización de las Naciones Unidas. Es factible que Ingrid tenga un espíritu inquebrantable, pero después de tantos años privada de la libertad, yo supondría que su principal interés sería descansar y disfrutar su nueva vida, lejos de Colombia y de los peligros, del ruido y de la sociedad, disfrutar de la paz recobrada.
Pero entonces debemos recordar que ella siempre ha sido una política, cuya relevancia era mínima antes de su secuestro, pero como en Colombia no importan las ideas sino las historias, ahora hace parte de la élite más popular en nuestro país.
Si, se que me dirán que ella no quiere competir por la presidencia, que no volverá a Colombia por motivos de seguridad y que ha aprovechado todos los eventos para promover la liberación de los otros secuestrados. En esa última afirmación radica el problema: Ya no hay más secuestrados importantes, Ingrid era la imágen que impulsaba todas las marchas y movimientos en pro de la liberación de los secuestrados, pero ya nada de eso importa. Nadie le va a dar un Príncipe de Asturias a un simple policía (así su libertad se haya perdido por más de una década), los eventos y las premiaciones no son en honor a los secuestrados, son en honor a Ingrid, y por más de que ella intente desmentirlo, es la triste verdad.
Mi intención no es atacarla, lamento de todo corazón lo que ha vivido, al igual que lamento el dolor de el inmenso número de secuestrados y ex-secuestrados en Colombia. Simplemente me indigna como se proponen candidaturas de este estilo cuando lo que más necesitamos no son premios, ni que la atención se centre en una sola secuestrada, necesitamos que el mundo reaccione y conozca la realidad de los colombianos en cautiverio: aquellos servidores de la patria cuyo único crimén es haber defendido la integridad de una nación, acompañados por ciudadanos que no pudieron escapar de la tierra que los vió nacer.
Colombia no necesita una Nobel de paz. Colombia necesita la libertad de todos sus ciudadanos, de mis compatriotas, de mis hermanos.
Es hora de dejar a Ingrid descansar. Es hora de que el mundo nos ayude en la búsqueda de una paz verdadera.
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Josué Palacios
Septiembre 25, 2008
De acuerdo. Es importante que cada uno de los colombianos tenga claro que Ingrid Betancourt no era la única secuestrada y que aunque la comunidad internacional sólo se muestre interesada por ella, hay cientos de seres humanos que sufren las penas de la soledad, las inclemencias selváticas, la privación de la libertad…
También me resulta irrisible que nominen al Nobel de Paz a una persona que ha estado secustrada (No es que haya sido una experiencia fácil, o algo que le suceda a todo el mundo, es que simplemente esto no es mérito alguno para ser Nobel de Paz).
A pesar de esto, sí me resulta útil si llegara a llevarse el galardón. Podría hacer mucho por los que aún están en la selva.
Concluyo que lo importante es que aunque para el mundo Ingrid Betancourt sea la única ex-secuestrada relevante, por lo menos los colombianos no deberiamos olvidar al resto. En cuanto a Ingrid, creo que debería aprovechar el pedestal en el que ha sido puesta para gestionar colaboración internacional para la liberación de aquellos colombianos que aún están lejos de casa.