
El discurso pronunciado en las últimas horas por la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt conmovió a los eurodiputados quienes en medio de lágrimas, la aplaudían. El presidente del Parlamento Europeo, Hans Gert-Pötering, afirmó que no recordaba “una sesión marcada por sentimientos tan hondos”.
En su discurso recordó los duros momentos de su cautiverio, y también a los 27 secuestrados que siguen aún encadenados. Hizo un llamado para dialogar con los violentos, además de lamentar la partida de aquella mujer asesinada el pasado 22 de septiembre junto a su nieto, y su nuera en un parque de Medellín quien había dedicado gran parte de su vida a luchar por los derechos humanos.
Está claro que el conflicto interno que sufre nuestro país, no necesita ni de nobel de paz ni de lágrimas para solucionarse, necesita acciones concretas que lleven a la mediación y permitan encontrar una rápida solución a este.
Es importante resaltar que esta es la primera intervención que realiza la ex candidata presidencial después de su liberación el pasado mes de julio. Ante lo acontecido solo queda preguntarse qué pasará ahora con el ¿predican pero no aplican de Ingrid? , pues es contradictorio ver como expresa que hay que dialogar con grupos al margen de la ley, pero a la vez afirma para diferentes medios de comunicación que no está interesada en hacer política en Colombia y que por el momento tampoco piensa volver, por otra parte su madre Yolanda Pulecio manifestó en las últimas semanas que se radicará en parís para estar cerca de su hija y sus nietos.
Donde quedaron aquellas intervenciones por RFI (radio Francia internacional) de su hijo Lorenzo pidiendo no solo el pronto regreso de su madre a casa sino el de todos los que sufrían este flagelo. Donde quedaron las intervenciones de su madre y de su hija Melanie, una desde Colombia y la otra en Francia pidiendo justicia y lo tan anhelado por muchos LIBERTAD.
Es tiempo de hacer un alto en el camino, para pensar y reflexionar si el secuestro es algo más que Ingrid, algo más que un nobel, más que lagrimas. Nadie pone en tela de juicio el sufrimiento y la angustia de más de 2327 días de cautiverio que tuvo que soportar, de las cicatrices no solo físicas sino también internas que la agobiaban. Nadie duda del dolor y de la tristeza de tener a sus hijos lejos y no poder estar con ellos, de la felicidad para la cual cualquier palabra era pequeña comparada con aquel instante en que sentía que volvía a la vida mientras viaja en un helicóptero devuelta a la libertad.
Nos alegramos por su regreso, y de su nominación al nobel de paz lo único que resta por decir es que amanecerá y veremos. Pero los colombianos no podemos padecer de amnesia no podemos condenar al olvido a los que aun sufren y padecen este cruel flagelo, no podemos olvidarnos de los que sueñan con una oportunidad de moncayo, Alan jara y muchos otros que están esperando que muy pronto les toque a ellos.
Como dice Daniel Coronell a los colombianos nos corresponde el “deber de ver”.
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PaChop
octubre 14, 2008
que fastidio tanto show y tanta vaina que han montado, a que es culpa del gobierno todo el conflicto que tiene colombia
Lumiph
octubre 10, 2008
Realmente estoy cansado de esos artículos que hablan sobre lo bien que le va a Ingrid, y sobre el olvido en el que se tiene a los demás, tanto a los que fueron liberados junto con ella, como a los demás que están aún secuestrados. Esa es la función de ella, a ella le corresponde darse al mundo por el bien de Colombia, es a ella a quien le corresponde hablar de nuestro país en todos los rincones, por ahora de Europa, pero después del mundo. Y creánme, si hay alguien que piense cada instante en los demás secuestrados, es la mismísima Ingrid. Por Dios, déjenla en paz, déjenla hacer su trabajo.