
Por Sbasgomez
Ya es conocido en Colombia el hecho de la influencia que ejercen los movimientos armados en los diferentes ámbitos de la vida nacional (política, economía, etc); así como también es conocido el hecho de que aún faltan muchos cabos por atar, con los cuales podríamos hallar más pistas sobre el alcance que tienen las relaciones entre los personajes de la vida pública y los líderes de estas organizaciones.
Pues bien, a medida que nos vamos introduciendo en el ritmo, no sabría si catalogarlo como avasallador, de la sociedad colombiana, nos damos cuenta de que también podemos atar esos cabos sueltos, situaciones desconcertantes que nos obligan a madurar con su crudeza y entender de una vez por todas que no estamos más bajo la protección de nuestra inocencia.
La disputa que hay por las instituciones educativas, especialmente de educación superior, era una situación ya conocida para mí. Pero aún no comprendía la magnitud de los errores que se cometen al interior de una gestión política, o la gran cantidad de atrocidades por las cuales se intenta alcanzar un pensamiento personal o una idea del gobierno.
Algunas universidades en Colombia son conocidas, quizá por hacer parte de un grupo de instituciones con algunos problemas ocasionales de orden público, relacionados directamente con el tema de este artículo, y que pasaré a definir:
Primero, se ha venido incrementando la violencia contra los sindicatos que existen en estas instituciones educativas. ¿El motivo? Sencillo, acabar con los paros que se generan a raíz de los panfletos y mensajes amenazadores que reciben estas personas.
Ahora pregunto, que pensarían ustedes al leer frases como la siguiente:
“Nos identificamos con la política del Presidente Álvaro Uribe Vélez y estamos con él hasta la victoria final sobre los guerrilleros disfrazados y camuflados de civil como representantes estudiantiles – sindicalistas de sintraunicol”
Por mi parte, las raíces de este problema se encuentran en dos elementos esenciales: El primero de ellos se fundamenta en el fanatismo que generan los discursos del presidente de la República. No quiero decir que el presidente se equivoque con los adjetivos que utiliza para referirse a los milicianos de las Farc. Tan solo digo que en un país como el nuestro, es mejor abstenerse de pronunciar algunas palabras.
Por otro lado, la cultura “pro exterminio de la guerrilla de la manera más sanguinaria que se pueda concebir” genera falsas visiones y, en ocasiones, estereotipos equivocados acerca de los intereses de otros auténticos grupos políticos.
El segundo elemento es, sin duda, la intolerancia a las ideas que puedan tener otros ciudadanos y que marquen oposición a las propias. Existen quienes quizá estén intentando reclamar sus derechos mediante huelgas y manifestaciones, pero siendo realistas, alteran el curso normal de las actividades y generan malestar.
El tercer elemento es la, ya conocida, cultura de violencia existente en este país. No se puede, de ninguna manera, solucionar problemas de una manera diplomática. Es sencillamente imposible intentar entablar una conversación con la persona en conflicto, pues se convierte prácticamente en símbolo de debilidad, las armas son la mejor alternativa para limar y acabar con las asperezas.
¿Qué tenemos? Una muy poco sana combinación de intolerancia política con, desafortunadamente, una diversidad de intereses dentro de una nación dividida en Uribismo y Oposición, en definitiva, una situación digna de ser la base de una hecatombe.
Fotografía por niño bomba distribuida bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Colombia License.








Tomáz
marzo 7, 2009
Que vaina, en este país cada vez los estudiantes somos más señalados, y los verdaderos terroristas escriben estatutos para dejarnos sin educación, alimento… la seguridad social fue cambiada por la seguridad democrática
¿cuál sirve más?
Saludos desde Don Bl…
sbasgomez
marzo 5, 2009
También difiero Lumi, especialmente cuando usted menciona que son,
“simples desadaptados que intentan esconderse bajo el noble adjetivo de “uribistas”, para, en primer lugar, denigrar el nombre del presidente y menospreciar sus políticas”.
Esos desadaptados, fanáticos, usan y abusan de los discursos y las palabras de nuestro mandatario, quizá malinterpretándolos, para fundamentar sus conductas violentas contra aquellos que no las comparten.
Un país dividido, es una realidad, estamos frente a una gran cantidad de calificativos desagradables, “guerrilleros”, “paramilitares”, que dentro de su aparente sencillez, esconden los ideales políticos de cada persona, es extraño, pero hace parte de esa cultura indeseable con la que nos estamos encontrando ultimanente.
Lumiph
marzo 4, 2009
Nada que ver el que el problema de la violencia dentro de las universidades esté relacionada con el uribismo… simples desadaptados que intentan esconderse bajo el noble adjetivo de “uribistas”, para, en primer lugar, denigrar el nombre del presidente y menospreciar sus políticas, y en segundo lugar el que la sociedad asocie al primer mandatario con una fuerza violenta que acabaría con cualquiera que se diga de la oposición. Hacerse pasar por oficialista es mejor, en la práctica, que el decir abiertamente que se es totalmente contradictor de Uribe.
No podemos decir, que porque existan sectores de la población que apoyen al gobierno, y otros que apoyen a la oposición tenemos entonces de manera directa un país dividido, porque de ser así, ningún país estaría unido nunca, ni siquiera Estados Unidos… un “país dividido” es sólo una expresión para crear pánico… existe un país pluralista en materia política, eso sí existe.
Bueno artículo Cory.
jkrincon
marzo 5, 2009
Lumi, me preocupa.
De lo que usted está diciendo puedo deducir que todos los uribistas son personas centradas, cultas, poco expresivas y que no realizan ningún tipo de demostración pasional por la política…
Ahora, no estoy diciendo que ninguno lo sea, pero le planteo lo siguiente:
Abusando de como lo conozco, puedo asegurar que cuando habla del presidente algo en su corazón se mueve, los animos cambian y en un debate llega a exasperarse por la defensa de las políticas del presidente. Por supuesto, sus intervenciones (como esta), demuestran su grado de educación y cultura.
Sin embargo, a lo que quiero llegar, sí usted, persona educada. experimenta un cambio sentimental razonable, ¿Qué me dice de los otros tipos de personas?
Estoy hablando de los menos educados, de lo hambrientos, de los violentos, de los necesitados, de los que facilmente se dejan llevar por la político.
Esos, señor Lumi, son los radicales que ponen las pancartas que menciona el artículo.
Ahora, no estoy diciendo que solo los uribistas son así, de hecho si el país se encuentra divido es por culpa de ambas partes (lo remito a leer la carta que publiqué el 1 de enero de este año en censura) y por los políticos que desean aprovecharse de eso.
Pero, decir que los uribistas violentos no son “uribistas” y lo hacen por sabotear me parece irresponsable, algo inocente e incluso preponte. Le recuerdo que el uribismo es de las mayorías, y ya sabemos como son las mayorías colombianas…
Habla usted de Estados Unidos, me permito remitirme a un comentario que el partidario más conocido de los republicanos, Rush Limbaugh, hizo en su programa radial:
Un comentario repudiado por democratas y republicanos por igual, pero eso no le quita a Limbaugh el caracter de “Republicano”.
Es cuestión de preferencias, y en este país, hay radicales por lado y lado. Es algo que no se puede ignorar.