Por Lumiph

Siento mucha tristeza al escuchar que sacerdotes han abusado sexualmente de menores; siento tristeza de que los obispos que sabían que bajo su dirección se encontraban sacerdotes con problemas de pederastia los hayan encubierto, los hayan protegido en vez de denunciarlos y en vez de que respondieran por sus actos. Siento mucha tristeza de que haya sacerdotes que sean capaces de ser fieles reflejos de Jesús y que no tengan escrúpulo alguno de violar a quienes se les fueron confiados.
Siento orgullo a la vez de toda la inmensa mayoría de clérigos que anónimamente viven su vocación llenos del Espíritu Santo, que educan, que cuidan, que proclaman un reino de Dios con su ejemplo, inmersos en la genuina y primigenia caridad evangélica y en la verdad.
No hay pie para generalizaciones, eso es lo primero, ante una problemática como esta no hay posibilidades para generalizaciones, que un sacerdote tenga problemas no significa que todos los sacerdotes sean pederastas, decir que todos lo son es ser injusto, ciego y prepotente, es desconocer el buen ejemplo de los verdaderos pastores para sólo querer ver lo que causa controversia, morbo, oportunidades sádicas para ventilar guardados personales sobre la Iglesia, todo disfrazado de una hipócrita preocupación por la niñez o la juventud.
La Iglesia es susceptible de ser afectada por la pederastia, no porque sea inherente a la Iglesia, decir Iglesia no es una automática proclamación de pederastia, así como decir padre de familia no es una automática proclamación de violencia intrafamiliar; los términos en sí no se hacen mutua relación y pensar en uno no equivale a pensar por definición en el otro. La Iglesia es susceptible al tema en cuestión en tanto que está constituida por hombres, por seres humanos, capaces de lo mejor pero también de las más grandes aberraciones; la pederastia no es exclusiva de la Iglesia, cualquier institución conformada por hombres está posibilitada para ser afectada, desde el gobierno de una nación hasta la más simple familia de cualquier rincón del planeta todas son susceptibles.
No protejo a los sacerdotes implicados en violaciones, por mí que paguen ante los tribunales civiles lo que hicieron y que ciertos obispos dejen de dárselas de mesías en una cuestión en la que lo único que cabe es la denuncia, es el no encubrimiento, es la investigación exhaustiva y total de las actuaciones de los sospechosos para no dejar sin castigo a violadores, para no dejar sin justicia a los violados, para no destruir la fe de la inocente anciana o del que siente una vocación, para no mancillar más la Iglesia. Soy enfático: el manejo de esto no es con encubrimientos, sino con denuncia, con la expulsión del clero del implicado, con ejemplares condenas civiles. Un manejo por debajo de la mesa sólo empeora el ya de por sí inmensamente escandaloso tema.
A mi entender una de las razones de que en la Iglesia se presente esto es la poca o nula formación humana que hay en seminarios diocesanos o de comunidades religiosas. La formación de un futuro sacerdote no consta sólo de aprenderse lo teórico en esa formación filosófico-teológica, la formación ha de incluir lo humano, en ese sentido es esencial un seguimiento psicológico y espiritual de los formandos, un acompañamiento que descubra cualquier inconsistencia y le dé pronta solución, y en caso de que eso sea imposible, que al superior no le tiemble la mano a la hora de expulsar. No se puede estar con miramientos ni con miedos dentro del proceso formativo de los que aspiran a ser algún día sacerdotes; lo que empieza bien termina bien.
Otra razón para esto es la falta de sinceridad por parte del seminarista; muchos no entran al seminario por vocación sino por encubrir su homosexualidad o sus tendencias pederastas, creen que el voto de castidad les asegura el manejo de su gran inconsistencia y se cierran a los formadores, callan cosas y poco a poco hacen creer a todo el mundo que son más santos que el mismo San Pedro; y cuando les gana la tentación, saben que por el -a menudo mostrado- manejo a escondidas del asunto, prefieren caer en manos de un obispo que en las manos de un juez. Para los que tienen problemas de pederastia se les presenta como más conveniente ser parte del estado clerical que del civil, sin importarles que de hecho no tengan ninguna vocación.
Me molesta terriblemente que haya gente tan ingenua que crea que el celibato es la cuna desde donde nacen los problemas sexuales de ciertos clérigos, ¿acaso al padre de familia pederasta el poder tener sexo con su mujer lo cura? ¿acaso por tener sexo con una mujer deja por ello de violar a su niñita de diez años?
El celibato es un estilo de vida, no es una cura para algo que necesita tratamiento psicológico; si el celibato fuera el culpable de la pederastia pues, aleluya, pongamos a todos los pederastas a tener sexo hasta que ya no puedan más y listo, están curados. Como estilo de vida, es la forma en como el sacerdote que tiene vocación se niega a entregar su amor a una mujer o a unos hijos para ser capaz de pensar más universalmente y amar a todos, para poderse desplazar a donde lo mande la obediencia sin ningún tipo de ataduras. El celibato es un estilo válido de vida, el que no sea capaz pues que simplemente no se meta de cura y ya.
Me molesta, así mismo, la gente que se vale del escándalo que sacude a la Iglesia para meter reformas como el sacerdocio de la mujer, no, ¿eso que tiene que ver con el tema en cuestión? Nada y sin embargo reconocidos columnistas del país del norte ya proponen hasta eso… gente desubicada.
A la Iglesia le esperan tiempos de purificación, de examinar sus actitudes ante la pederastia, de dejar lo que encubre y obstaculiza; la Iglesia ha de estar en una continua limpieza, debe mostrarse resucitada de lo que la mancha. Gracias a Dios el que esto de la pederastia se descubra hará que la Iglesia, al limpiarse de sus errores, renazca brillante y santa, como el Resucitado.





AndreaQ.
julio 22, 2010
Quisiera decir que si bien tienes cierta razón al afirmar que el celibato no es el motivo principal por el que algunos sacerdotes desarrollan tendencias pederastas, cabe decir que es una posibilidad no tan descabellada como la haces parecer. La cuestión con el celibato en la iglesia es que es impuesto, forzado, obligatorio; no es por decisión personal. Reprimir de una manera tan brusca la propia sexualidad no es bueno; hay personas célibes pero porque así lo han decidido, no porque les toca.
Hay que tener en cuenta que la sexualidad hace parte de la naturaleza humana, y nada se gana con sofocarla o negarla. Amar a una mujer y tener una familia no hará a un sacerdote menos creyente o menos dispuesto a predicar la palabra de dios.
Ahora, no me explico porque un hombre que hace parte de la jerarquía eclesial buscaría desahogar sus deseos sexuales con un menor, y no creo que pueda siquiera intentar explicarlo porque no soy psicóloga. Pero tampoco creo que descartar el celibato tan arbitrariamente sea correcto tampoco.
Lumiph
julio 23, 2010
En primer lugar la invitaría a que por favor explicara mejor aquello de que de algún modo el celibato sí puede ser un motivo de la pederastia, la verdad no veo cómo pueda llegar a ser eso cierto, sería buen que lo dejara un poco más claro.
En segundo lugar, que el celibato en la Iglesia es impuesto, ¿es eso cierto? Para empezar qué se entiende por impuesto; para mí es algo que usted debe hacer pasando por encima de sus deseos; los sacerdotes optan por el celibato, luego lo desean, luego no es algo que se les imponga, porque ellos mismo optan por una Iglesia dentro de la cual los sacerdotes son célibes. A nadie le ponen una pistola en la sien para obligarlo a entrar en la Iglesia Católica si lo que quieren es casarse, tienen total libertad de entrar en cualquier otra Iglesia en la que el celibato no hace parte de sus planes. Luego no es algo impuesto, es algo por lo cual se opta, si no desean vivirlo, bien pueden irse, nadie los obliga a manterse célibes. Nadie. Como usted lo dice hay personas que han optado por el celibato porque así lo han decidido, no porque les toca, y eso es verdad tanto para el civil como para lo que son sacerdotes.
Que el celibato es una represión no es algo que tampoco sea cierto, la sexualidad hace parte de todo sacerdote, más allá, de toda persona que quiera hacerse religioso (monjas, hermanas, padres), por entrar en una comunidad o al clero diocesano no por ello se deja de tener sexualidad que es algo que usted bien expresa al decir que la sexualidad hace parte de nuestra naturaleza, ¿cómo hablar de una Iglesia que reprime algo que es constitutivo del ser humano? ¿Que no tengamos sexo significa que nos estamos reprimiendo?¿Que no nos masturbemos significa que nos estamos reprimiendo?¿Que no vayamos a clubes nocturnos significa que nos estamos reprimiendo? Para nada.
La sexualidad se vive desde experiencias de vida que sobrepasan la mera genitalidad, disminuir y menospreciar la sexualidad a un mero juego de eyaculación no es algo justo. La energía que proviene de la sexualidad se puede utilizar teniendo sexo, sí eso es cierto y válido para quienes optan por ese estilo de vida, pero también se puede utilizar para seguir adelante en una vocación, se puede encausar para terminar un trabajo, para hacer mejor un deporte, es energía, y por lo tanto se puede utilizar de muchas maneras, no sólo a través de la genitalidad… saber que uno abraza como hombre y que los demás reciben ese abrazo como lo que se es, ya eso es vivir la propia sexualidad. No hay que cerrar los horizontes o ponerlo todo en términos de sexo.
Al igual que usted tampoco entiendo cómo una persona ya adulta utilice para desahogar sus deseos a menores, tampoco lo entiendo.
Finalmente gracias por su opinión.
AndreaQ.
julio 25, 2010
El celibato en la iglesia sí es impuesto, ya que para poder hacer parte del clero es necesario que el hombre renuncie a su vida sexual. Es claro que ningún sacerdote es obligado a serlo, pero repito, debe dejar a un lado su sexualidad. La sexualidad sí trasciende el mero acto carnal, pero el sexo como tal es parte importante de la misma. No quiero sonar redundante, pero si una persona no se masturba, o no tiene relaciones sexuales, debe ser porque no lo desea, no porque no puede debido a imposiciones ajenas. ¿Me hago entender? Un sacerdote católico debe renunciar a esos aspectos de su sexualidad si quiere ser parte del cuerpo eclesial. ¿Porqué? Es eso lo que no sé. Como usted dijo, hay comunidades religiosas que permiten que sus sacerdotes contraigan matrimonio, lo que automáticamente implicaría una vida sexual activa. ¿Los hace eso menos hombres de dios? No lo creo.
El catolicismo en particular se ha caracterizado por negar y sí, reprimir, toda cuestión referente al sexo. Ellos sólo ven el sexo como un medio para la procreación. El placer es un inesperado y aparentemente molesto efecto secundario. ¿Sabía usted que en siglos pasados era una costumbre que la mujer usara una prenda que le cubría todo el cuerpo, dejando un pequeño agujero a la altura del vientre para la penetración, para que su esposo no la viera desnuda? Nunca he entendido ese pudor tan extremo.
Por último, mi opinión sobre la relación celibato-pederastia, es una mera una suposición. Simplemente creo que debido a esa moral y a esas reglas tan estrictas en lo que a sexo se refiere, los sacerdotes pueden dirigir su energía sexual a los sujetos equivocados, en este caso, menores de edad. Porqué? como dije, no me explico.
Lumiph
julio 25, 2010
¿Cómo puede ser impuesto algo que usted mismo quiere? Se lo digo porque los que pensamos ser sacerdotes de hecho nos preguntamos si queremos vivir de manera célibe y en esos casos, de hecho, uno asume el celibato como una opción de vida, nunca como una obligación, más allá de que haga parte del perfil que la Iglesia quiere para sus sacerdotes, más allá de ese perfil está mi decisión y mi opción por el celibato como estilo de vida y a ello no me obliga nadie; y en caso de que uno de hecho quiera ser sacerdote y quiera a la vez casarse puede entrar a otras Iglesias, no hay obligación en esto tampoco… ¿cómo puede llegar a ser eso algo impuesto? No lo sé, y no intanteré convencerla, seguramente usted lo dice desde su opinión como civil, no tiene la experiencia de lo que es una vocación y por ende hablamos en lenguajes distintos.
El que la Iglesia a lo largo de su historia haya tenido una posición un poco represiva hacia el sexo es, efectivamente, parte de su historia, cuestiones del momento, concepciones morales de la época, hoy día la Iglesia ha evolucionado, sin que ello implique un liberalismo exacerbado capaz de permitir que el sexo se convierta meramente en un goce y que la gente se olvide de que el culmen del acto conyugal se da en la concepción, no en la estimulación genital. El acto por mero placer es sólo pensar en uno mismo, es egoísmo, contra eso va la Iglesia, un Jesús que se entregó desnudo en la Cruz es la prueba más grande de no-egoísmo que alguien pueda tener, y ese es el criterio, sí, parece simplista, pero si algo hace que los fieles se vuelvan egoístas pues contra ello va la Iglesia. El egoísmo es lo que genera la pornografía, la trata de blancas, la constitución de una sociedad cada vez más capitalista y utilitarista.
En cuanto a su suposición, ¿de qué reglas estrictas habla usted? No la entiendo, ¿cuáles son? Yo las desconozco.
Una vez más, gracias por sus valiosos comentarios que enriquecen el mundo de censura20.
AndreaQ.
julio 26, 2010
Ah, no sabía que usted era sacerdote; entiendo que desde su punto de vista las cosas pueden parecer diferentes, por lo que tiene razón al afirmar que hablamos lenguajes distintos.
Creo que la actitud de la iglesia hacia cuestiones de sexo no ha evolucionado en lo mas mínimo; siguen siendo igual de represivos. No pretendo ofenderlo, pero eso es algo que usted debe saber. Yo, como la gran mayoría de los colombianos, fui criada en una familia católica, y asistí toda mi vida a instituciones educativas pertenecientes a la iglesia, y puedo afirmar con certeza que sus enseñanzas son las mismas que han sido siempre desde que existe el cristianismo. Esas concepciones morales de la época, como las llama usted, siguen vigentes aún, pese a que ya ha pasado mucho tiempo y la sociedad ha evolucionado.
A mi no me parece que disfrutar del sexo sin tener como fin la procreación sea “liberalismo exacerbado”; el placer no es egoísta si es mutuo. El sexo puede ser una experiencia muy enriquecedora, una excelente manera de conectarse con otra persona, claro que siendo siempre responsables. Por el contrario, creo que limitar el encuentro sexual a la concepción es reducir los humanos a simples animales que se aparean para perpetuar la especie. No se trata de hedonismo descarriado, se trata de vivir una sexualidad plena. Pero siendo yo “civil” y usted sacerdote, eso es algo en lo que nunca nos pondremos de acuerdo, creo.
Yo no soy creyente, apostaté hace mucho tiempo. Así que nuestras opiniones son muy muy opuestas. Sin embargo, respeto su oficio y su punto de vista, y sé que, como usted dice en su artículo, unos sacerdotes no representan al clero en su generalidad. Yo no suelo generalizar, porque eso es ser falto de sentido común.
Lo de las reglas estrictas creo haberlo mencionado ya; es toda la cuestión de sexo e iglesia en la cual, como dije antes, hay un pudor exagerado. No voy a tratar de explicar una suposición, ya que su mera naturaleza la hace difícil de explicar. Sólo digo que no hay que descartarla como posibilidad. Eso es lo que quiero que entienda. Yo acá no impuse esa teoría como correcta, así como creo que usted no debería rechazarla tan arbitrariamente. Aunque eso ya es labor de los psicólogos, y yo no hago parte de ese gremio.
En fin, no pretendo alargar más esta discusión. Gracias a usted por el artículo.
María Gabriela Escalante
abril 10, 2010
Es esperanzador saber que una nueva generación de sacerdotes, encabezada por personas tan brillantes como tu, serán las encargadas de tomar las riendas de nuestra iglesia.
Por favor, no dejes de escribir. Necesitamos voces como tu para recordarnos que entre tanta oscuridad, siempre hay bondad, y que no todo es tan malo como el mundo nos lo intenta hacer ver.
Un abrazo muy grande.
Lumiph
abril 13, 2010
Gracias Doña Gabriela, es bueno “escucharla” de nuevo en especial con mensajes de apoyo y optimismo, gracias una vez más.
sbasgomez
abril 9, 2010
Opino con un conocimiento superficial del caso: Pienso que en este momento, después de tantos casos que ahora se conocen, no es hora de que la iglesia católica se proteja a sí misma ocultando las atrocidades que han cometido algunos de sus ministros [ojo, no es la iglesia en su totalidad].
Es momento de que considere modificar algunos de sus principios más conservadores, es hora de que se renueve para atender las necesidades de una sociedad que no es la misma de hace cien ni doscientos años.
Con respecto al sacerdocio de la mujer, me parece que en busca de una igualdad total, de la que se pueda hablar con la seguridad de no encontrar pruebas que demuestren lo contrario, ni rastro de discriminación, es un punto válido. Repito, hablo con un conocimiento superficial, sin embargo, con todo y eso no encuentro ningún impedimento para que una novicia pueda aspirar a ser sacertote [no se como sea en femenino] si hemos visto que durante ya mucho tiempo han acompañado a los ministros hombres en la labor educadora y evangelizadora [Y yendo un poco más alla, sin rayar en la malicia, no recuerdo sinceramente ningún escándalo que implique a una mujer de la iglesia].
“A la Iglesia le esperan tiempos de purificación, de examinar sus actitudes ante la pederastia, de dejar lo que encubre y obstaculiza; la Iglesia ha de estar en una continua limpieza” Esos tiempos deben llegar ahora, como dije en un artículo anterior, necesitamos fuerza en esa imágen de Dios, porque no podemos confiar plenamente en nuestros amos.