¿Qué sería del mundo sin las rancheras ebrias de los mexicanos o los tangos melancólicos de los argentinos? ¿Qué sin el teatro devastador de los rusos o las cumbias peruanas? Claro, la identidad se forja con la sensibilidad hacia los rasgos y patrones culturales propios. El patriotismo se logra con siglos y siglos enteros de reconocimiento hacia lo de nosotros, el orgullo y el distanciamiento –cultural- de los demás. Pero es que, precisamente, de eso carece la sociedad colombiana.
¿Y las víctimas que sí tienen una legítima causa para alegar un derecho a reparación? – como las familias de los diputados del Valle o los mismos sobrevivientes del cautiverio – pues se tendrán que atener a esta ira irrazonable y estúpida de los colombianos: un país donde no se sabe diferenciar un caso de otro, y donde las víctimas tienen que correr con la suerte de ser castigadas dos veces. (Cosa que me hace pensar: prefiero a aquellos que defienden ciegamente a las víctimas. Por lo menos en este caso, hacen mucho menos daño)
Y es que en un país donde hay un profundísimo conflicto armado interno, alimentado con dineros interminables que da el negocio de la droga, es entendible que ciertas instituciones resulten contaminadas por él o que no puedan operar dejándose convencer por los argumentos poderosos de los fusiles. Pero que el mismísimo Presidente de la República, que representa la unidad de la Nación, Jefe de Estado y de Gobierno, salga a atacar a las Cortes y a los jueces cada vez que no le parece una decisión, es inconcebible.
Colombia no es tierra apta para elecciones. Por la gente, porque no escucha – parecen fanáticos de un partido de fútbol – pero sobretodo, por los candidatos y sus campañas sucias. Así la revista Semana diga que siempre no, que lo que pasa acá, cuando un candidato ataca a otro, es parte de un debate de elecciones y pasa en cualquier parte del mundo. No señoritos, sí es guerra sucia. Y cada candidato tiene su forma de hacerla.
Por Andrés Páramo Inmortalizarse no es fácil. De hecho, perecer en un anonimato eterno y sordo, es la característica más humana de todas: ser en vida una arcilla informe, desvencijada por los años, que sirve de soporte para estructuras más grandes, perdiéndose en el viento y siendo reemplazada por una arcilla nueva. Cumpliendo a cabalidad el… [Read more…]
Por Andrés Páramo Durante los últimos cinco años, si yo no estaba tomando cerveza, haciendo teatro, escribiendo para blogs y periódicos universitarios o perdiendo el tiempo, estudiaba derecho. Lo que más recuerdo son los refranes y adagios de abogados. Por ejemplo, esta frase de un profesor: “De lo que yo estudié de derecho, la mitad se me olvidó y la otra mitad… [Read more…]
Por Andrés Páramo (Uso justo)Antanas Mockus Sí, a mí también me gusta Antanas Mockus. Esa excentricidad de su pasado que siempre vuelve a nosotros como un remolino perdido en el mar; esa barba algo desaliñada que sirve, para efectos políticos, como símbolo de su inclinación académica; esas palabras siempre bien reposadas, en compañía de un movimiento… [Read more…]
Por Andrés Páramo (cc)manhunt Época de elecciones. Tal vez sea en Colombia, la época en que menos se tiene en cuenta la posición del otro. No hay discusión verdadera, hay una fe ciega en que alguno de los candidatos (sólo uno y sólo su nombre, no sus propuestas) nos salvará, o nos sacará del embrollo en… [Read more…]
Por Andrés Páramo Bien lo dijo un amigo hace poco: en su sexto intento, Uribe logró penalizar el porte y consumo de la dosis personal. Martilló tanto el clavo que por fin lo hundió en la madera. O en la Constitución, ese pobre texto del que no va a quedar nada. Sólo el recuerdo. No es una sorpresa,… [Read more…]
Por Andrés Páramo Pobres los hijos del presidente Uribe. Esos pobres muchachos que trabajan, tabajan y trabajan, incansablemente, en los proyectos que su padre les da: las zonas francas que les declararon el año pasado; las empresas de productos que rescatan la identidad de los indiecitos de Colombia, única en su especie que tiene beneficios… [Read more…]
Julio 23, 2010
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