Por Mockinpott

(cc)♥ Xanda ♥
Tras un largo esfuerzo de interrupciones sucesivas, curiosidades, expectativas insatisfechas, de oír comentarios de todo tipo acerca de él y de repetirme varias veces “¿como puedo decir algo con criterio si no lo termino?” finalice la lectura de ‘Crepúsculo’. La novela de Stephenie Meyer, al igual que la saga de la cual hace parte, ha tenido un éxito arrollador como una historia de amor imposible al estilo clásico contada en un lenguaje y un contexto moderno. Este éxito me llevó a alejarme del título -pues desconfío de las cosas que se ponen de moda- hasta que una prima que aprecio mucho me confesó ser una seguidora furibunda. Mi prima vivía en Cali y no tenía mucho contacto con ella, pues yo he residido siempre en Bogotá. Iba a tenerlo aún menos ahora, pues se encontraba de paso en mi casa para irse a EE.UU. por tiempo indefinido. Antes de irse me dejó una edición del libro que no podía incluir en su equipaje.
Empecé a leerlo en un intento por acercarme a ella entre sus páginas, y pronto me sorprendí pensando en las representaciones, ventajas, desventajas, aciertos y errores que para mi tenía la estética del libro. Me decepcioné fácilmente al encontrar un argumento trillado de una mujer frágil, torpe, desastrosa, insegura y un hombre indestructible, valeroso, audaz y terriblemente atractivo que se presta a sacarla de sus tropiezos. Me sonó a princesas Disney en una versión para adolescentes en el que la mujer es siempre la pobre víctima y el hombre el valiente y fuerte príncipe. En cuanto a eso la novela nunca mejoró, pero empezó a dar luces sobre aspectos un poco más complejos. La protagonista, a diferencia de las de Disney, no se convierte repentinamente en una mujer bella y ‘perfecta’, sigue siendo un desastre hasta el final (incluso termina peor, aunque habría que ver hasta el final de la saga si ésto se cumple), y más que proponer un modelo de mujer perfecta se esfuerza en detallar, desde la mirada de la protagonista, uno de hombre perfecto.
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