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	<title>Censurados: Cero</title>
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	<description>Somos ingenuos soñadores que quieren construir país desde la palabra. Somos muchos.</description>
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		<title>Censurados: Cero</title>
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		<title>Yo quería, pero tú no</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Aug 2012 11:00:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>escritoresinvitados</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pajazos mentales]]></category>
		<category><![CDATA[Poesías]]></category>
		<category><![CDATA[Andrea González]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Tenías que hacerlo todo muy complicado.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4815&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;">Por <span style="color:#800000;"><a href="http://censura20.com/tag/andrea-gonzalez/"><span style="color:#800000;">Andrea González</span></a></span></p>
<p style="text-align:justify;">Yo quería llenarte el corazón de chocolate,  la mirada de miel y los labios de cerezas, pero no, tú tenías que hacerlo todo muy complicado.</p>
<p style="text-align:justify;">Yo quería recorrerte con el alma y pronunciar tu nombre con mi mirada; que mi labios besaran tus penas. Quería que mis dedos desataran esos nudos de tu esencia para que tus besos no supieran a dudas.</p>
<p style="text-align:justify;">No me diste el tiempo que requieren mis labios para penetrar tu piel, ni mucho menos el espacio que necesitan mis palabras para ordenarte la mente, no me diste el tiempo para llevarte al cielo, o a la luna.</p>
<p style="text-align:justify;">Tú tenías que hacerlo todo muy complicado porque no me mirabas a los ojos, porque jalabas de mis tobillos cuando quería subir tu mural, porque marchitabas mis flores con tu indiferencia.</p>
<p style="text-align:justify;">Cada encuentro contigo me dejaba sin aroma. Te regalé mi cielo, mis ojos y mi pecho, pero nada fue suficiente para quedarme en tu recuerdo, para que tu sonrisa clamara mi nombre.</p>
<p style="text-align:justify;">Mis lagrimitas ya tan secas no pueden expresar mi amargura y ya no hay sonrisa que llene el hueco que siento en el alma, ese hueco que es mi refugio de tu olvido, ese hueco que es mi cuna, mi condena, porque tú tenías que hacer todo muy complicado.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Fotografía:</strong> (<span style="color:#800000;"><a href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/"><span style="color:#800000;">cc</span></a></span>)<span style="color:#800000;"><a href="http://www.flickr.com/photos/revdancatt/"><span style="color:#800000;">Rev Dan Catt</span></a></span></p>
<br />Archivado en: <a href='http://censura20.com/category/pajazos-mentales/'>Pajazos mentales</a>, <a href='http://censura20.com/category/pajazos-mentales/poesias/'>Poesías</a> Tagged: <a href='http://censura20.com/tag/andrea-gonzalez/'>Andrea González</a>, <a href='http://censura20.com/tag/poesia/'>Poesía</a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/censura20.wordpress.com/4815/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/censura20.wordpress.com/4815/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4815&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Corazón de Chocolate</media:title>
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			<media:title type="html">escritoresinvitados</media:title>
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		<title>Hay gente tan optimista que cree que el mundo se va a acabar</title>
		<link>http://censura20.com/2012/08/27/hay-gente-tan-optimista-que-cree-que-el-mundo-se-va-a-acabar/</link>
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		<pubDate>Mon, 27 Aug 2012 13:54:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mockinpott</dc:creator>
				<category><![CDATA[Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Apocalipsis]]></category>
		<category><![CDATA[Fin del mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Humor]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Mockinpott]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Medina Uribe]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

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		<description><![CDATA[Despedirse de la existencia está de moda este año. Reseña de "Historias del fin del mundo: Los Apocalipsis que no llegaron (y los profetas que nos engañaron)".<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4809&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;" dir="ltr">Por <span style="color:#800000;"><a href="http://censura20.com/author/mockinpott/"><span style="color:#800000;">Mockinpott</span></a></span></p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Despedirse de la existencia está de moda este año. Según muchos, por una interpretación de las aptitudes astronómicas de los Mayas. Según otros, por coincidencias de diversas explicaciones religiosas, científicas, espirituales y cósmicas. ¿Es esta la primera, o última, vez que se ha predicho un fin del mundo? Si usted recuerda casos como el <span style="color:#800000;"><a title="&quot;El problema del año 2000, también conocido como efecto 2000, error del milenio, problema informático del año 2000 (PIA2000) o por el numerónimo Y2K, es un bug o error de software causado por la costumbre que habían adoptado los programadores de omitir la centuria en el año para el almacenamiento de fechas (generalmente para economizar memoria), asumiendo que el software sólo funcionaría durante los años cuyos nombres comenzaran con 19. Lo anterior tendría como consecuencia que después del 31 de diciembre de 1999, sería el 1 de enero de 1900 en vez de 1 de enero de 2000&quot;." href="http://es.wikipedia.org/wiki/Problema_del_a%C3%B1o_2000"><span style="color:#800000;">síndrome de Y2K</span></a></span> al finalizar el siglo XX y los chismes de nacimientos del anti-cristo cada vez que coincidían más de dos “6” en una fecha, o ha visto los documentales apocalípticos que circulan últimamente en canales “culturales” como History o Discovery Channel, sabe de qué estoy hablando. Más allá de esta tendencia del 2012, un hombre se dedicó a investigar y reportar cuántas predicciones encontró que valiera la pena repasar. Múltiples revelaciones que incluyen estafas, revueltas, suicidios, masacres y decepciones inconmensurables (ya se imaginará lo que se siente estar plenamente preparado para que todo termine y encontrar que todo sigue ahí) hacen parte del libro <em><strong>Historias del fin del mundo: Los Apocalipsis que no llegaron (y los profetas que nos engañaron)</strong></em>. Pero no es sólo la curiosidad mórbida por explorar la afición a predecir tan magno evento, como es el fin absoluto, lo que rescata esta compilación de profecías erradas. Está, por ejemplo, el buen humor.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">El deleite de recorrer episodios de estupidez individual y colectiva, presentados como epifanías en una narración que incluye putas, políticos, suicidios, bombas atómicas, paranoia de guerra fría, numerólogos obsesivos, revolucionarios espirituales, extraterrestres y mucho fútbol (si se pregunta qué tiene que ver el deporte con el juicio final, le garantizo que disfrutará la respuesta cuando lea el libro), es exquisito. Aunque es una exposición muy bien documentada, el texto no pretende ser una compilación completa de predicciones fallidas o por ser demostradas (no hemos llegado aún a algunas fechas descritas allí), tan sólo recoge varios ejercicios de pronóstico que se consideran interesantes por algún motivo: la reiteración en el error al dar la fecha señalada, las justificaciones de tales predicciones y sus desatines, las aventuras de sus protagonistas, las consecuencias de sus proyecciones y las circunstancias particulares que las rodearon; por enumerar algunas. Todas son presentadas con un tono animado y perspicaz que le brindará una diversión suculenta.</p>
<div id="attachment_4811" class="wp-caption alignright" style="width: 235px"><img class="size-medium wp-image-4811" title="Apocalypse" src="http://censura20.files.wordpress.com/2012/08/apocalypse.jpeg?w=225&#038;h=300" alt="" width="225" height="300" /><p class="wp-caption-text">(<span style="color:#800000;"><a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.0/"><span style="color:#800000;">cc</span></a></span>)<span style="color:#800000;"> <a href="http://www.flickr.com/photos/59414209@N00/"><span style="color:#800000;">extrabox</span></a></span></p></div>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Aunque el barrido histórico va desde la antigua Babilonia hasta tiempos por venir, Pablo Medina Uribe -el autor entrevistado por Semana <span style="color:#800000;"><a href="http://www.semana.com/gente/fin-del-mundo-apocalipsis-no-llegaron-profetas-enganaron/180079-3.aspx"><span style="color:#800000;">aquí</span></a></span>-, no organizó los testimonios en un aburrido orden cronológico. Tras despachar el tema de moda explicando las perspectivas que rodean la fecha “señalada” por los Mayas, el autor aborda un personaje digno de la demencia característica de los gringos que se fijó como meta en la vida encontrar la fecha del juicio final -aunque su cuenta de fechas erradas pasó ya por más de cuatro-: Harold Camping (Pueden leer un extracto de esta parte del libro, publicado por El Tiempo <a href="http://www.eltiempo.com/cultura/libros/los-apocalipsis-que-no-se-han-cumplido_11983966-4#opiusuarios_content">aquí</a> ). El divertido relato se extiende a otros profetas persistentes que afrontan sus fracasos de diversas maneras, para dar paso a aquellos que tomaron su vida y la de sus feligreses en su afán por arribar, o supuestamente evitar, el fin. Este capítulo dedicado a los “suicidios (y suicidados) colectivos” incluye varias de las narraciones más interesantes, es realmente imperdible. Continúa con los testimonios que envuelven a extraterrestres en sus relatos ya sea como profetas, asistentes, asesores o supuestos causantes del fin de la humanidad. Bello capítulo el de los extraterrestres, más de lo que esperaba. En seguida entra a temas más terrenales: guerras atómicas, que causaron un terror en algunos –principalmente gringos, obviamente- suficiente para temer la llegada del final de los tiempos. Finalmente, tras abordar un par de cálculos numerológicos (si es que existe esa palabra), expone algunos casos difíciles de clasificar en “Menciones especiales” y aquellos que extendieron la poya por el fin del mundo para después de 2012.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Si usted tiene la voluntad suficiente para alejarse de la pantalla de televisión, y aún busca entretenerse y satisfacer su curiosidad en palabras escritas, le recomiendo esta publicación. El único prerrequisito para su disfrute, aparte de esta voluntad, es tener curiosidad y sentido del humor. Arriésguese a disfrutar un texto bien escrito, lo consigue en su librería favorita y en algunas papelerías como Panamericana. Si le da pereza despegarse de su computador o dispositivo con acceso a Internet, en el cual lee este blog, también puede comprarlo en línea <span style="color:#800000;"><a href="http://www.circulodelectores.com.co/detalle_libro/706"><span style="color:#800000;">aquí</span></a></span>.</p>
<p dir="ltr"><strong>Imagen:</strong> (<span style="color:#800000;"><a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.0/"><span style="color:#800000;">cc</span></a></span>)<span style="color:#800000;"><a href="http://www.flickr.com/photos/shakespearesmonkey/"><span style="color:#800000;">Shakespearesmonkey</span></a></span></p>
<br />Archivado en: <a href='http://censura20.com/category/especiales/'>Especiales</a>, <a href='http://censura20.com/category/especiales/resenas/'>Reseñas</a> Tagged: <a href='http://censura20.com/tag/apocalipsis/'>Apocalipsis</a>, <a href='http://censura20.com/tag/fin-del-mundo/'>Fin del mundo</a>, <a href='http://censura20.com/tag/humor/'>Humor</a>, <a href='http://censura20.com/tag/literatura/'>Literatura</a>, <a href='http://censura20.com/tag/mockinpott/'>Mockinpott</a>, <a href='http://censura20.com/tag/pablo-medina-uribe/'>Pablo Medina Uribe</a>, <a href='http://censura20.com/tag/periodismo/'>Periodismo</a>, <a href='http://censura20.com/tag/resena/'>Reseña</a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/censura20.wordpress.com/4809/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/censura20.wordpress.com/4809/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4809&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Café de la Cité</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Aug 2012 11:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>escritoresinvitados</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Pajazos mentales]]></category>
		<category><![CDATA[Alfonso Pabón Parra]]></category>
		<category><![CDATA[Café de la Cité]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[París]]></category>

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		<description><![CDATA[Entonces comprendí que estaba enamorado.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4801&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;">Por <span style="color:#800000;"><a href="http://censura20.com/tag/alfonso-pabon-parra/"><span style="color:#800000;">Alfonso Pabón Parra</span></a></span></p>
<p style="text-align:justify;">No sé si fue el momento, la edad o la perspicacia de la vida que me llevó a ese punto, al de estar enamorado. Pasaba yo por esa época en mi vida en la que todo parecía ser perfecto: era soltero, tenía dinero, mantenía una elocuencia que llamaba la atención en cualquier reunión o lugar en el que me encontrase. Sentía que todo fluía como una melodía de Debbusy y creía que así podría vivir el resto de mi vida, disfrutando de los placeres hasta el último momento, sin arrepentimiento alguno, sin lamentar nada.</p>
<p style="text-align:justify;">Vivía en una silenciosa calle de Montparnasse en París. Despertaba todas las mañanas a las seis y cuarenta y tres, siguiendo mi maldito resabio de no respetar las horas en punto, tomaba un café y fumaba un cigarro mientras veía a los transeúntes desde mi balcón. Me alistaba para salir y me dirigía a la oficina para hacerme cargo de mis mediocres, pero fructíferas labores del día. Caminaba con convicción hacia el trabajo, de gabardina y sombrero muy elegante en la imponente París, compraba el diario y saludaba a los vecinos, veía en el rostro de las señoras esa admiración y esa cara de “por qué mi esposo nunca se vio como él”. Llegaba a la oficina y me adentraba en el saber, el saber de que todo marchaba bien. Al terminar mi trabajo mediocre, continuaba mi día y disfrutaba de un buen vino rosado que nunca me bastó de aperitivo sino que siempre acompañó mis comidas. Finalizando el día acudía a algún encuentro social, jugaba cartas con un grupo selecto de colegas o me introducía en el encuentro carnal con alguna de mis amantes, sin quedarme alguna vez por fuera de la casa o amanecer con alguien a mi lado en la mía. Era mi diario vivir, y era feliz. Lo disfrutaba y sabía que nada iba a cambiar. Lo tenía todo, lo podía conseguir todo.</p>
<p style="text-align:justify;">Caminaba un martes por una estrecha calle del distrito cuando descubrí que habían abierto un pequeño café. Era muy pequeño y me pareció de mal gusto su fachada con luces de neón, pero sentí un deseo de entrar que se transformó en una fuerza de imán que no me dejó opción. Me establecí en una de las mesas de afuera, prendí un cigarro y esperé a que me atendieran. Y ahí fue el momento, la primera vez que la vi. El momento en que una falacia en la lógica de mi vida ocurrió: me enamoré. Era de tez blanca, pelo corto y negro que hacía juego perfecto con sus ojos del mismo color, mirada inocente y perdida, una voz un poco chillona que pasé por alto y que no pude dejar de ver. Me refiero al movimiento de sus labios diciendo buenos días señor, ¿desea tomar algo?</p>
<p style="text-align:justify;">Ese día no fue un día. No sé qué fue, pero era algo que jamás había sentido. En la oficina no hice sino pensar en ella. En el restaurante griego donde todos los días tomaba mi vino rosado, no hice sino pensar en ella. Decidí no asistir a la noche de juego y compré una botella de vino y un paquete de cigarros. Me adentré en lo profundo de mi ser para tratar de buscar una explicación a lo que estaba sucediendo. Entonces comprendí que estaba enamorado.</p>
<p style="text-align:justify;">Decidí no ir al trabajo al día siguiente. A fin de cuentas era un trabajo mediocre y yo era el jefe, no tenía que rendirle cuentas a nadie. No me bañé, salí en pijamas a la licorería del frente, pedí dos botellas de vino y me dispuse a buscar una solución a lo que estaba sucediendo. Por un momento creí que era algún disparate de la edad. Seguramente eso es, dije en mi mente, pero y si no. Volví a desesperarme. Caminaba por la casa y bebía vino, fumaba cada diez minutos, rompiendo la regla de las horas en punto. Por un momento llegué a sentir que lo que estaba era enfermo, pero y si no. Volví a desesperarme.</p>
<p style="text-align:justify;">Pasaron dos semanas en las que no salí de la casa sino para comprar vino y cigarros. Me alimenté con paté de salmón y galletas. Mi mente seguía consternada. Era de mañana, eran las ocho y diez, y sentí como si un rayo me atravesara todo el occipital. Entonces, tomé la decisión: me bañaría, me pondría mi mejor traje e iría en busca de aquella mujer, de la que estaba enamorado.</p>
<p style="text-align:justify;">Llegué al sitio y vi su nombre por primera vez, se llamaba Café de la Cité. Esta vez la fuerza de imán me llevó hacía adentro, me senté y esperé a que me atendieran mientras sonaba la canción aux champs élysées. Mi sorpresa fue que me atendió un hombre, gordo y de mal gusto como aquel lugar. Pedí mi café y observé todos los rincones del lugar, sin encontrarla, a ella, a la mujer de la que me enamoré.</p>
<p style="text-align:justify;">Durante dos meses visité el lugar sin encontrar a aquella mujer. Bebía una y hasta dos tazas de café, iba a diferentes horas por si se encontraba en ese momento comprando algún suministro para el lugar o simplemente en el baño. Pero nunca la encontré, a ella, la mujer de la que me enamoré. Decidí entonces hablar con el dueño, busqué la forma de preguntarle sutilmente por aquella mujer que un día me preguntó que si deseaba tomar algo, y lo hice. Ese fue el primer día que la extrañé. Resulta que ella había desaparecido, había dejado el trabajo botado y lo único que dijo alguna vez es que venía a París en busca del amor que nunca nadie le había expresado, el amor que jamás había sentido por alguien, ni si quiera por sus padres ya fallecidos. Lo último que me dijeron de ella era que se llamaba Marie.</p>
<p style="text-align:justify;">La extrañé todos los días de mi vida y la amé hasta el último suspiro. Dejé la vida de antes. Ya no me importaba verme bien. Asigné a un administrador que me traía las ganancias del negocio a la casa y con eso vivía el diario, que se convirtió, hasta el último día de mi vida, en paté de salmón, vino y cigarros. El vino rosado se convirtió en tinto. Pensaba en ella, escribía poesía, pintaba y dibujaba, siempre pensando en su bello rostro, en su pelo corto y negro. Salía todos los días a tomarme un café en aquel lugar. Siempre me senté en aquella mesa donde Marie me atendió. Me arrepentí por siempre de no haberle hablado, de no haberle dicho lo bella que era, de no haberla invitado a caminar por Monmartre. Así viví el resto de mi vida, sumergido en el amor de Marie, en el arrepentimiento, en la carga, en la vida vacía que me quedaba, que algún día pensé que estaba llena y que ahora comprendía que no era así, que solo me faltó una cosa y que no fue como pensé, no la conseguí. También entendí que me enamoré, que fue mi primer amor y el último, que lo único que sabía de ella era que buscaba el amor, que se llamaba Marie, y que trabajaba en un lugar llamado Café de la Cité.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Fotografía:</strong> (<span style="color:#800000;"><a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/"><span style="color:#800000;">cc</span></a></span>)<span style="color:#800000;"><a href="http://www.flickr.com/photos/aigle_dore/"><span style="color:#800000;">Moyan_Brenn</span></a></span></p>
<br />Archivado en: <a href='http://censura20.com/category/pajazos-mentales/cuentos/'>Cuentos</a>, <a href='http://censura20.com/category/pajazos-mentales/'>Pajazos mentales</a> Tagged: <a href='http://censura20.com/tag/alfonso-pabon-parra/'>Alfonso Pabón Parra</a>, <a href='http://censura20.com/tag/cafe-de-la-cite/'>Café de la Cité</a>, <a href='http://censura20.com/tag/cuento/'>Cuento</a>, <a href='http://censura20.com/tag/paris/'>París</a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/censura20.wordpress.com/4801/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/censura20.wordpress.com/4801/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4801&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Café</media:title>
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	</item>
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		<title>En el instante</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Aug 2012 20:23:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>escritoresinvitados</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pajazos mentales]]></category>
		<category><![CDATA[Poesías]]></category>
		<category><![CDATA[Adriana Catalina Pérez]]></category>
		<category><![CDATA[Poema]]></category>

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		<description><![CDATA[En el instante del sonido de una tecla puedo ver cómo salen aquellas emociones contenidas: son pálidas, amenas, sabrosas y coloridas.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4797&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;">Por <span style="color:#800000;"><a href="http://censura20.com/tag/adriana-catalina-perez/"><span style="color:#800000;">Adriana Catalina Pérez</span></a></span></p>
<p style="text-align:center;">En el instante del sonido de una tecla</p>
<p style="text-align:center;">puedo ver cómo salen aquellas emociones contenidas:</p>
<p style="text-align:center;">son pálidas,</p>
<p style="text-align:center;">amenas,</p>
<p style="text-align:center;">sabrosas y coloridas.</p>
<p style="text-align:center;">&#8211;</p>
<p style="text-align:center;">En el instante del sonido de un tecla</p>
<p style="text-align:center;">puedo ver la hermosura del instante,</p>
<p style="text-align:center;">del tiempo,</p>
<p style="text-align:center;">de lo lento,</p>
<p style="text-align:center;">de lo rápido.</p>
<p style="text-align:center;">Aquella sinfonía de matices contenida bajo esa resonancia infinita que vuela y se enmudece lentamente.</p>
<p style="text-align:center;">&#8211;</p>
<p style="text-align:center;">En el instante en que nacen esas eufonías engendradas por esas exquisitas manos que acarician las teclas</p>
<p style="text-align:center;">se concierta una afable melodía</p>
<p style="text-align:center;">que hace vibrar dentro de mi ser</p>
<p style="text-align:center;">todas las pasiones humanas</p>
<p style="text-align:center;">como un navío en peligro.</p>
<p style="text-align:center;">&#8211;</p>
<p style="text-align:center;">Sólo en ese instante</p>
<p style="text-align:center;">en donde esa caja de música y esas manos</p>
<p style="text-align:center;">se compenetran, haciéndose indivisible su ser y su esencia,</p>
<p style="text-align:center;">sólo en ese instante</p>
<p style="text-align:center;">siento en mis entrañas vibrar asonancias que surgen desde lo más recóndito de mi existencia</p>
<p style="text-align:center;">y le devuelven, a mi cuerpo y a mi mente,</p>
<p style="text-align:center;">el alma que se hallaba perdida en medio de ruidos,</p>
<p style="text-align:center;">infinidades,</p>
<p style="text-align:center;">multitudes de desorden apasionado.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Fotografía:</strong> (<span style="color:#800000;"><a href="http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/"><span style="color:#800000;">cc</span></a></span>)<span style="color:#800000;"><a href="http://www.flickr.com/photos/hillaryraindeer/"><span style="color:#800000;">hillary the mammal</span></a></span></p>
<br />Archivado en: <a href='http://censura20.com/category/pajazos-mentales/'>Pajazos mentales</a>, <a href='http://censura20.com/category/pajazos-mentales/poesias/'>Poesías</a> Tagged: <a href='http://censura20.com/tag/adriana-catalina-perez/'>Adriana Catalina Pérez</a>, <a href='http://censura20.com/tag/poema/'>Poema</a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/censura20.wordpress.com/4797/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/censura20.wordpress.com/4797/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4797&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Keyboard</media:title>
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			<media:title type="html">escritoresinvitados</media:title>
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	</item>
		<item>
		<title>Choque de trenes y culturas</title>
		<link>http://censura20.com/2012/06/28/choque-de-trenes-y-culturas/</link>
		<comments>http://censura20.com/2012/06/28/choque-de-trenes-y-culturas/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 28 Jun 2012 15:33:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>escritoresinvitados</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[Hanoi]]></category>
		<category><![CDATA[Sofía Salas]]></category>
		<category><![CDATA[Tren]]></category>
		<category><![CDATA[Vietnam]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://censura20.com/?p=4788</guid>
		<description><![CDATA[En Vietnam, dos colombianas viajan en un tren inolvidable.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4788&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;">Por <span style="color:#800000;"><a href="http://censura20.com/tag/sofia-salas/"><span style="color:#800000;">Sofía Salas Ungar</span></a></span></p>
<p style="text-align:justify;">No encontré ninguna arruga en mi cara, ni mucho menos una cana en mi pelo, pero hoy sentí que el tiempo realmente vuela.  Me dio nostalgia de un viaje que  mi hermana y yo hace un año apenas empezábamos. <em>“Y parece que fue ayer”</em>. No voy a hacer un recuento de todo el recorrido, sólo de una historia de la que me acordé hace unos días en un trancón en un taxi, cuyo conductor ya había gastado todos los monosílabos.</p>
<div style="text-align:right;"><strong><strong>Lugar: </strong></strong>Hanoi, antigua capital de Vietnam del Norte<strong><strong><br />
Temperatura:</strong></strong> 38C<strong><strong><br />
Destino: </strong></strong>Hue, antigua ciudad imperial<strong><strong><br />
Medio de transporte: </strong></strong>Un tren, el tren del horror</div>
<div>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Ya habíamos pasado varios días en Hanoi y sus alrededores. Nuestra próxima parada era Hue, una antigua ciudad imperial, a la que se le notan lo imperial, los años y el descuido.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Aunque alcanzamos a comprar tiquetes para irnos en literas, a los 10 minutos la señorita de la estación llegó corriendo a donde estábamos gritando <em>“no bed, no bed, no bed”</em>. Había un problema de comunicación y nos habían vendido unas camas inexistentes. Por casi el mismo precio, nos montó en un tren sentadas. Ahí empezó el viaje del horror.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Llegamos a la estación. Trataron de timarnos diciéndonos que los tiquetes eran falsos y debían ser revisados. No contaban con mi astucia. Miento, no contaban con la malicia indígena que, de nacimiento o aprendida, tenemos los colombianos. Finalmente logramos montarnos en el tren, en el último vagón. El nuestro era el primero. Empezamos a atravesar los vagones: literas de primera clase, de segunda, de tercera, sillas reclinables y espaciosas, después sillas reclinables y no tan espaciosas. Llegamos al primer vagón y no creíamos lo que veíamos, <em>“seguro leímos mal el número”.</em> Las sillas eran bancas. Sí, bancas, como esas que hay en los parques. Tal cual, de franjas de madera. Y ahí pasaríamos las siguientes 15 horas de nuestras vidas, que duraron más de lo que dura una semana a la espera de una noticia.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Cuando encontramos nuestro puesto (sorprendente numerado) en una de los tantos pares de bancas separados por una mesa, nos sentamos con la esperanza de que las dos sillas fueran sólo nuestras, que los vecinos nunca llegaran. El deseo se hizo realidad por aproximadamente tres estaciones. En nuestro vagón viajaban sólo locales: familias, parejas, mujeres cargando maletas, bolsas y costales, niños y ancianos. Los niños nos miraban con los ojos abiertos por varios segundos, los adultos lo hacían con cara de <em>“y estas, ¿qué o qué?”</em> . Probablemente con esos mismo ojos estábamos nosotras mirando todo a nuestro alrededor: los olores que no conocíamos, la señora que gritaba por el celular y nada que colgaba, el niño que corría por todo el vagón.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Era evidente que no pertenecíamos y que éramos intrusas. Tras unas dos horas, que parecieron 567, pasó una señora con un carrito lleno de paquetes y latas de productos que parecían conocidos. Asumimos que un paquete en forma de cilindro, de color azul con letras blancas, sólo podía traer buenas noticias: tenían que ser las Oreo vietnamitas. Dado que la vendedora no hablaba inglés, la señora que estaba sentada en frente, una mujer joven que viajaba con su hijo de unos 3 años, se ofreció a fungir de intérprete.<em> “Tan querida”,</em> pensamos. Sí, tan querida que de los 30.000 Dongs (aproximadamente 3000 pesos) que le pagamos a la señora del carrito, a ella le correspondieron 5.000. Nos habían tumbado en nuestras caras y esta vez ni siquiera la malicia indígena nos permitió preverlo. Y aunque eran sólo 500 pesos, da mucha rabia que a uno le vean la cara de boba. Nos resignamos, pues no estábamos en condiciones de discutir.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Entre las sillas de madera y la desconfianza, nos era imposible conciliar el sueño. Decidimos que era hora de comernos nuestro picnic: pan con queso. El queso es relativamente caro y escaso en Vietnam, pues los locales consumen  más bien poco. Lo confirmamos cuando empezamos a armar los sandúches por las miradas de la gente a nuestro alrededor.  Una vez más, nos observaban. En la extrañeza nos sentimos identificadas cuando nuestra vecina, la de la “comisión”, sacó su propio picnic: de una bolsa de líneas azules y blancas (igualita a las de tienda de barrio colombiano) sacó un gallina entera. Sí, leyó bien, señor lector. Una gallina entera. Cocinada y despellejada pero entera, con ojos, pico y patas. Con sus dedos empezó a cortar trozos y a comérselos con su hijo. Uno a uno, iba pelando los huesos y sacando las menudencias del animal. Nosotras no sabíamos a dónde mirar, si reírnos o llorar. Optamos, infructuosamente, por tratar de dormir.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Con cada parada nos despertábamos. Se bajaba y se subía gente, llegaban personajes como el señor que oía radio a todo volumen, el borracho de camisa desabotonada y el señor con cinco paquetes amarrados con cuerdas que no cabían en el lugar de las maletas. Las horas se negaban a pasar hasta que empezó a amanecer y vimos, literalmente, la luz al final del túnel. Ya llegando a la esperadísima última estación, el borracho gordo, desabotonado y bizco, nos preguntó de dónde éramos. Una y otra vez, hasta que nos asustamos. Paranoicas que somos, ya teníamos todo un plan para la bajada: <em>“tú bajas las maletas y yo salgo corriendo a donde un policía para que nos proteja de este señor”</em>. Nunca pasó, pues efectivamente era pura paranoia. El señor se bajó dos estaciones antes que nosotras.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Finalmente llegamos a Hue, la famosa ciudad imperial. Ya ahí sólo podíamos reírnos de nuestro viaje en tren, al que llamamos <em>“el tren del horror”</em>.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr"><a href="http://censura20.files.wordpress.com/2012/06/hanoi.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4790" title="Hanoi" src="http://censura20.files.wordpress.com/2012/06/hanoi.jpg?w=300&#038;h=200" alt="" width="300" height="200" /></a></p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr"><strong>Fotografía:</strong> (<span style="color:#800000;"><a href="http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/"><span style="color:#800000;">cc</span></a></span>)<span style="color:#800000;"><a href="http://www.flickr.com/photos/skyfish81/"><span style="color:#800000;">skyfish81</span></a></span></p>
</div>
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	</item>
		<item>
		<title>El Maestro León y sus clases de amor</title>
		<link>http://censura20.com/2012/06/24/el-maestro-leon-y-sus-clases-de-amor/</link>
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		<pubDate>Sun, 24 Jun 2012 11:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>escritoresinvitados</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Pajazos mentales]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Esperanza]]></category>
		<category><![CDATA[Graduación]]></category>
		<category><![CDATA[Lina Uribe]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Ya estoy preparado para el amor?<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4780&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;" dir="ltr">Por <span style="color:#800000;"><a href="http://censura20.com/tag/lina-uribe/"><span style="color:#800000;">Lina Uribe</span></a></span></p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">El día de la graduación, el Maestro León me dio la lección más bonita que he tenido en estos 47 años. Desde que estábamos en tercero de primaria, casi todos los niños del curso nos sentíamos atraídos por las niñas del colegio del lado. Estudiaba yo en un colegio masculino, pero tan solo una reja llena de arbustos dividía nuestro patio del colegio contiguo en el que las niñas hacían educación física con unos minúsculos pantaloncitos blancos.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">El Maestro León era con quien teníamos más confianza. No enfocaba sus clases de español solamente a enseñarnos las letras, sino que nos hablaba de asuntos familiares y personales. Un día, mi gran amigo Gerardo, el que se sabía más jugadas de fútbol, le preguntó que cuándo estaríamos preparados para el amor. El Maestro se rascó la cabeza y dejó escapar una pequeña sonrisa que le borró por un instante los pliegues que tenía encima de la boca. Le respondió que todavía no. Solo eso. Un simple “todavía no”. Gerardo volvió a sentarse en su puesto y el Maestro continuó con su clase. Desde ahí, el tema del amor se convirtió en una obsesión para todos. ¿Cuándo estaríamos preparados para el amor? Nadie lo sabía. Incluso en los recreos, en el intermedio de los partidos de fútbol y en el espacio entre clases tocábamos el tema entre nosotros. Julio y David aseguraban que para el amor no había que estar preparado,  que solamente era necesario aprender cosas como dar un beso o hacer los hijos. Sin embargo, el resto del curso creía en las palabras del Maestro León sin discusión alguna.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Cuando estábamos en sexto grado, Gerardo llegó un día con una sonrisa que no podía ocultar. Nos hicimos alrededor de su puesto y le preguntamos el motivo de su felicidad, pero se negó a respondernos. Todos intentábamos sacarle la verdad, pero cada vez parecía menos posible. La clase de ciencias terminó y comenzó la de español. Antes de que el Maestro León iniciara con el tema del día, Gerardo levantó su mano y se paró del puesto. El Maestro le dio la palabra.</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">Maestro León, ¿se acuerda usted de Lucía, la niña del colegio del lado a la que le di los poemas que hicimos la clase pasada?</p>
</li>
</ul>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Ahora estoy seguro de que el Maestro León no tenía la más mínima idea, pero su respuesta fue afirmativa.</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">Ayer, a la salida, se acercó a mí para decirme que le habían gustado mucho. Cuando nos despedimos, me dio un beso en la mejilla cerca a la boca. Con todo eso, ¿cree que ya estoy preparado para el amor?</p>
</li>
</ul>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">El Maestro, como era de costumbre, se rascó la cabeza y sonrió con dulzura.</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">No, Gerardo. Creo que todavía no estás preparado para el amor.</p>
</li>
</ul>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Todos quedamos estupefactos: ¿cómo era posible que el Maestro le respondiera eso si Gerardo había estado a punto de besarse con una niña? Nadie, ninguno de nosotros había llegado nunca tan lejos. Lo máximo que habíamos hecho era dejarles dulces en la reja, y jamás supimos si los cogían ellas o los jardineros que frecuentaban el sector.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">La duda continuó en nuestras cabezas. Estábamos seguros de que el Maestro León era un hombre sensato y estaba listo para el amor. No sabíamos por qué, pero así lo sentíamos. Además, alguien que no estuviera “listo para el amor” no sería capaz de identificar a las personas en su misma condición. Lo habíamos visto coquetear unas cuantas veces con una profesora y una vez, en un bazar de los que se hacían en el colegio, lo descubrimos tomado de la mano de una mujer con una abundante y negra cabellera.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Felipe entró en noveno. Estudiaba antes en un colegio mixto en el que, según él, tenía a todas las niñas enamoradas. Lo cambiaron porque perdió el año. Entrar a un colegio masculino fue su castigo. <em>“Eso fue por estar pensando en niñas, de seguro usted todavía no está preparado para el amor”</em>, le dije cuando terminó de contar su historia. Frunció el ceño y me miró. Parecía no entender nada. En el descanso, mientras hacíamos la fila para comprar la comida, le hablé sobre el Maestro León. Felipe se mostró asombrado y confuso, pero terminó soltando una carcajada y diciendo que el Maestro León no sabía nada del amor. Pasaron varias clases y nuestro compañero se atrevió a retar al Maestro. En la mitad de una clase sobre el acento diacrítico, Felipe se paró del puesto:</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">Maestro León, me gustaría hacerle una pregunta. En el colegio anterior conocí a una mujer. Se llama Marcela y tiene un año más que yo. Me mandaba siempre razones con sus compañeras, por lo que supe que estaba interesada en mí. Después de algunos días, nos besamos, y desde ese momento seguimos haciéndolo a diario.</p>
</li>
</ul>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">El Maestro tomó asiento y se cogió la barbilla, que ya estaba adornada con unas cuantas canas. Todos volteamos nuestros puestos para poder mirar a Felipe, que seguía hablando de pie y con mucha seguridad. Continuó:</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">La semana pasada me invitó a su casa. Sus padres no estaban. En el asiento de la sala comenzamos a besarnos. Yo me sentía raro, pero la experiencia era extremadamente deliciosa. Ella puso su mano entre mis piernas y tomó la mía para ponerla en su pecho, por debajo de la blusa. Empezó a apretar y a soltar, a apretar y a soltar. Yo movía mis dedos y la seguía besando.</p>
</li>
</ul>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Todos nos quedamos inmóviles. En el salón solo se escuchaba la voz de Felipe y el ruido de los ventiladores viejos que colgaban del techo. El Maestro león cruzó la pierna y movió un poco la cabeza. Mi compañero siguió con su relato:</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">De repente, Marcela me dijo que fuéramos a su cuarto. Yo la seguí sin titubear, algo muy duro me impedía decirle que no. Me tiró en la cama y se quitó la blusa. Sus pezones rosados actuaron como dos imanes que de inmediato atrajeron mis manos. Empezó a moverse encima de mí  y…</p>
</li>
</ul>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">¿En qué terminó todo? –interrumpió el Maestro.</p>
</li>
</ul>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">En nada, Maestro. La puerta de entrada sonó y el susto hizo que nos paráramos de inmediato: era la mamá que llegaba de hacer las compras. Nos vestimos con rapidez y yo me salí por la ventana.</p>
</li>
</ul>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Todos nos reímos con un poco de nervios. La historia estaba tan entretenida que ninguno le había imaginado un final tan trágico como ese. Era como escuchar el relato de una película de esas que nuestros papás no nos dejaban ver. Felipe terminó con su intervención:</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">Aquí viene mi pregunta, Maestro: ¿cree usted que yo tampoco estoy preparado para el amor? Esto no le pasa a cualquiera… puedo asegurar que ninguno de mis compañeros ha tenido tal experiencia.</p>
</li>
</ul>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">No, Felipe. Tú tampoco estás preparado para el amor.</p>
</li>
</ul>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">El Maestro intentó continuar con su clase, pero una lluvia de preguntas por nuestra parte se lo impidió. ¿Por qué Felipe no estaba preparado? ¿Cuándo lo estaríamos entonces? ¿Qué necesitábamos para estarlo? En ese momento, todos nos sentimos molestos con las respuestas del Maestro León.</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">Ay, mis muchachos –afirmó mientras se rascaba la cabeza-. No exijan respuestas ahora. No son las respuestas el fin. El aprendizaje está en la búsqueda.</p>
</li>
</ul>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Todos quedamos más confundidos que antes. Con caras de derrota, continuamos con la clase. Felipe se sentó, se metió el lápiz a la boca y apoyó la cara en ambas manos.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">En grado décimo tuvimos que abandonar al Maestro León. Ahora era el Licenciado Gordillo quien nos daba las clases de español. “Licenciado” era como su primer nombre. Quien no se lo dijera, tenía que hacer una plana de 200 veces esta palabra. “Es para que aprendan a respetar a los mayores”, decía el Licenciado cada vez que amonestaba a alguno de mis compañeros. Cierto día, Julio se atrevió a llamarlo “Gordillo” dos veces y tuvo que pasar los recreos en el salón durante una semana entera.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Al Maestro León y su tema del amor lo olvidamos un poco. De vez en cuando nos topábamos con él en los pasillos y recibíamos su cordial saludo que se acompañaba de palmaditas en la espalda. Ya casi todos teníamos novias y, muy dentro, sabíamos que estábamos completamente preparados para el amor. A David, curiosamente, nunca le conocimos ninguna enamorada. Años después nos enteramos de que se había ido a vivir con un policía y que, al parecer, era muy feliz.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">El día de la graduación, momentos antes de que iniciara la ceremonia, el Maestro León nos citó a todos en el salón en el que habíamos cursado tercero de primaria. No sé si fue con intensión o fue una simple casualidad, lo cierto es que ese día se resolvió el misterio. Todos nos sentamos con cuidado en esos pequeños puestos para no arruinar nuestros trajes de gala. Nos tocábamos el cabello constantemente para comprobar que el fijador estuviera perfecto y nos apretábamos con regularidad el nudo de la corbata. El Maestro León se aclaró la garganta e inició su discurso:</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">Yo sé cuán importante es este día para todos ustedes. Sé que tienen nervios y que algunos hubieran preferido utilizar este tiempo para cuadrar los últimos detalles. Sin embargo, quise citarlos porque les debo una explicación desde hace nueve años. Esperé ansioso este día, créanme, para dirigirme a ustedes. Ahora sé que son personas más maduras y con un futuro casi definido. Sé que varios quieren estudiar ingenierías y unos que otros, Medicina.</p>
</li>
</ul>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">El Maestro León se aclaraba la garganta constantemente. Por un momento, todos olvidamos nuestra apariencia física y nos concentramos en sus palabras:</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">Un día de abril, Gerardo me preguntó que si ya estaba preparado para el amor. Yo le respondí que no y estoy seguro de que desde ahí no pudieron dejar de pensar en eso. Pues bien, nueve años después sigo creyendo que ninguno aquí está preparado para el amor, incluido yo.</p>
</li>
</ul>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Nuestra memoria se devolvió nueve años y recorrió rápidamente todo lo que vivimos con el Maestro León. Era casi imposible creer que nos estuviera confesando que él tampoco estaba preparado para el amor. Queríamos entonces, con mucha más ansiedad, seguir escuchando su discurso:</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">Antes de conocerlos a ustedes, tuve dos matrimonios fallidos. Creía entonces que por ser ya una persona madura y profesional, podría sobrellevar cualquier inconveniente amoroso. Como pueden verlo, no fue así. Sin embargo, puedo afirmar que amé profundamente a aquellas mujeres. Más adelante, intenté iniciar una relación con la profesora de Ciencias Sociales, pero tampoco sucedió nada. Años más tarde, conocí a una mujer con una abundante y negra cabellera. Pensé que, después de tantos fracasos, con ella todo saldría bien. Tampoco sucedió.</p>
</li>
</ul>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Recordamos entonces a la profesora con la que alguna vez lo habíamos visto coquetear y a la mujer que había llevado al bazar. Nuestros ojos se abrían cada vez más con las palabras del Maestro León. Era como descubrir que los héroes también eran de carne y hueso.</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">A pesar de todo esto, me considero una persona feliz. Nunca nadie está preparado para el amor, simplemente porque “preparación” y “amor” no son términos compatibles. Amar es, por el contrario, no rendirse nunca así exista incertidumbre e inseguridad; es darse nuevas oportunidades cuando creemos que todo está perdido; es cometer errores de nuevo así creamos que la experiencia nos librará de ellos. Amar es no estar preparado y vivir cada oportunidad como si fuera la primera y la última.</p>
</li>
</ul>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Esa, como dije en un principio, es la lección más linda que he tenido en mis 47 años de vida. El Maestro León murió ayer y yo asistí a su entierro. Me encontré con algunos compañeros del colegio y nos dimos abrazos fuertes. Quedamos en contacto y, días después, llevamos una placa a la tumba del Maestro que decía así: <em>“aquí yace una persona que, con orgullo, murió sabiendo que no estaba preparada para el amor”</em>.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr"><strong>Fotografía:</strong> (<span style="color:#800000;"><a href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/"><span style="color:#800000;">cc</span></a></span>)<span style="color:#800000;"><a id="yui_3_5_0_3_1340383508066_272" href="http://www.flickr.com/photos/unojofuerte/"><span style="color:#800000;">unojofuerte</span></a></span></p>
<br />Archivado en: <a href='http://censura20.com/category/pajazos-mentales/cuentos/'>Cuentos</a>, <a href='http://censura20.com/category/pajazos-mentales/'>Pajazos mentales</a> Tagged: <a href='http://censura20.com/tag/amor/'>Amor</a>, <a href='http://censura20.com/tag/esperanza/'>Esperanza</a>, <a href='http://censura20.com/tag/graduacion/'>Graduación</a>, <a href='http://censura20.com/tag/lina-uribe/'>Lina Uribe</a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/censura20.wordpress.com/4780/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/censura20.wordpress.com/4780/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4780&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">¿Estamos preparados para el amor?</media:title>
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		<title>Nada como una sobredosis de trago y comida chatarra</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jun 2012 11:00:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>escritoresinvitados</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Pajazos mentales]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Escobar]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión]]></category>

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		<description><![CDATA[Sufriendo con alcohol y una Big Mac. <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4776&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;">Por <span style="color:#800000;"><a href="http://censura20.com/tag/escobar/"><span style="color:#800000;">Escobar</span></a></span></p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Abro Word y encuentro el borrador de la tesis de Victoria. Al parecer hoy me traicionan los recuerdos y me preguntan constantemente por qué cambié mi único tesoro, mi hogar, mi tierra, por buscar en la penumbra de la incertidumbre nuevos caminos.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Me siento a teclear un poco antes de dormir con la esperanza de que pueda contar una historia, tal vez varias, para poder darle un poco de sentido a esta vida sin pausa y sin descanso que he tenido desde aquella tarde en el café Samba, donde di un paso al vacío y me clavé un puñal en el corazón.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">No lo logro, sólo viene a mi mente la historia del mejor amigo de Andrea, quien para su proyecto de grado de Arte se coció a la piel pedazos de tela con los nombres de sus mejores amigos. Cada amigo tenía que quitar la tela con su nombre sin la ayuda de tijeras o cualquier otro instrumento corto punzante. Sólo podían hacerlo con sus dientes, probando un poco de su sangre, sintiendo su carne ceder y escuchado los jadeos de su amigo incólume. Otros lo hacían con sus uñas o con encendedores, pero al final todos quedaban con un pedazo de él, aquel que él les había entregado al entrar en su vida y al hacer parte de él.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Me persigue esta historia porque partí mi alma, entregué mi hogar y dejé mi cama desierta sin entender del todo los motivos que tuve para hacerlo.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">No hay nada como una Big Mac fría, sin pepinillos radiactivos con textura plástica y sabor a plastilina “Play-doh”. La cebolla, por otra parte, es algo complicado, pero en todo caso, una herejía cuando la hamburguesa está fría. Una botella de Grants sin refrigerar, sólo con un tratamiento de 3 semanas a la intemperie. Sin vaso, quién quiere un puto vaso, de la botella es mejor, sentir cómo se queman los labios mientras aquel líquido ardiente  entra a la boca y luego  se desliza por la garganta. Papas acartonadas, es decir, blandas, sudadas, frías y con sabor a cartón. Simplemente genial. En resumen, un festín de comida chatarra en su máxima expresión.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Un poco de Pink Floyd para que el trago entre un poco más suave  y el sólo acto de ver mi comida no sea traumático. <span style="color:#800000;"><a title="Echoes - Pink Floyd [Youtube]" href="http://www.youtube.com/watch?v=Vm0VBWnUhvU"><span style="color:#800000;">Echoes</span></a></span>, nada mejor para sentirse perdido, sumergirse en un viaje de descubrimiento personal y perderse aún más en el intento. Nada mejor para repetirte a ti mismo una vez más que estás completamente jodido, que has perdido el rumbo &#8211; si es que alguna vez lo tuviste-  y lo peor, que no tienes la menor idea de por qué o cómo carajos pasó.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Ningún trauma, ninguna experiencia que justifique esta autocompasión enfermiza. Sin explicación aparente, soy víctima y verdugo de un abandono insufrible, completamente ridículo. Es quizás un deseo autodestructivo, un sentimiento de despropósito y desidia que no tiene remedio. Poco a poco se va desvaneciendo toda razón para seguir respirando, pero la inercia supera mi instinto suicida, lo aplaca y vuelve el inevitable tedio de hacer algo.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Respirar, tomar, comer. Todo se vuelve un acto irreflexivo, automático, programado, autómata, como una máquina. Estoy consciente de que estoy, soy y existo -a pesar de que en sentido estricto no pienso mucho-, pero ¿con qué propósito? ¿Respirar una y otra vez hasta que no pueda hacerlo más?</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Malditas papas acartonadas, saben más a la caja en que se encuentran que a la grasa en la cual fueron hechas.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Puta serotonina baja, carácter propenso a la adicción, a los juegos y apuestas. Una imaginación sin límites que se deja seducir por fantasías imposibles e igualmente inútiles. Una imaginación que rechaza la realidad, crea otra, una en la que existe un propósito, una espada, un escudo, un mundo por conquistar. Una realidad en la que soy protagonista de grandes victorias, el encuentro de héroes y dioses, grandes y sanguinarias batallas donde el honor, el coraje y la tragedia son un mismo sentimiento al cual soy fiel.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Echoes, las piezas musicales solían ser un placer largo. Movimientos, conciertos, sinfonías. Eran historias completas, la música no sufría de la eyaculación precoz que reproducen una y otra vez en todas las radio estaciones y a la cual le hacen culto en millones de CDs. Las notas y los compases llevaban a la audiencia por distintos paisajes, laberintos, intrigas, emociones complejas. ¡¡Un alegro, un di minuendo, pan!! ¡¡La intriga, y pan!! Un desenlace épico, la cumbre de la historia, los pelos de punta, el calor subiendo desde las tripas hasta la cabeza, ¡¡el orgasmo!! Luego el cierre, una conclusión, la paz fúnebre del campo de batalla días después de librada la guerra.  Pocos son los que aún valoran oír canciones de más de cinco minutos, las canciones que duran más suelen ser mutiladas para crear “versiones para radio” o simplemente no las trasmiten.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">La música es un placer, expresa la grandeza del espíritu humano, cuenta leyendas y recuerda grandes héroes, despierta nuestros ángeles y demonios. Todavía hay música, pero no en la radio, ni en la televisión, está escondida esperando a ser encontrada en pilas enormes de basura.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Siempre pasa que se piensa lo peor. También valoro los polvos cortos e intensos, mi pelea es contra las personas que cagan y creen haber creado música con sus gases y el retorcer de sus entrañas, puta vida, yo sería Mozart. Mi desprecio es fan de aquellos que escuchan ese espectáculo y ganan fortunas poniéndolo en  la radio y en el escenario. Me reconforta la idea que aún existen grandes seres humanos que no mutilan el arte y aún aprecian la música.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Se acabó la hamburguesa, ese pedazo de mierda que ahora se encuentra en mi estómago. Siento la pesadez de las cantidades industriales de grasa que me he obligado a consumir y la trato de pasar con más alcohol.</p>
<p dir="ltr"><strong>Fotografía:</strong> (<span style="color:#800000;"><a href="http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/"><span style="color:#800000;">cc</span></a></span>)<span style="color:#800000;"><a href="http://www.flickr.com/photos/rankingfuuta/"><span style="color:#800000;">21TonGiant</span></a></span></p>
<br />Archivado en: <a href='http://censura20.com/category/pajazos-mentales/cuentos/'>Cuentos</a>, <a href='http://censura20.com/category/pajazos-mentales/'>Pajazos mentales</a> Tagged: <a href='http://censura20.com/tag/cuento/'>Cuento</a>, <a href='http://censura20.com/tag/escobar/'>Escobar</a>, <a href='http://censura20.com/tag/reflexion/'>Reflexión</a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/censura20.wordpress.com/4776/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/censura20.wordpress.com/4776/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4776&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Big Mac</media:title>
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		<item>
		<title>De máximas, principios y costales</title>
		<link>http://censura20.com/2012/06/22/de-maximas-principios-y-costales/</link>
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		<pubDate>Fri, 22 Jun 2012 15:41:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>escritoresinvitados</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Beatriz Botero]]></category>
		<category><![CDATA[Bogotá]]></category>
		<category><![CDATA[Generalidades]]></category>
		<category><![CDATA[Principios]]></category>

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		<description><![CDATA[Aquí, a lo mejor, no cabe el borrón y cuenta nueva.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4769&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;">Por <span style="color:#800000;"><a href="http://censura20.com/tag/beatriz-botero/"><span style="color:#800000;">Beatriz Botero, “Oruga”</span></a></span></p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">La justicia no funciona. Son todos unos paracos/guerrilleros. Los hombres son un desastre. El Congreso es pura basura. Las mujeres son unas arpías. En Twitter/Facebook solo se pierde el tiempo. El calentamiento global nos va a matar. Los gringos son el imperio aplastacionista de esta era. Todo flaco es anoréxico, todo gordo carga escondido en el bolsillo un paquete de m&amp;ms y no tiene fuerza de voluntad. Él nunca me dijo. Siempre haces lo mismo. Nunca me quisiste. Así son las cosas. Punto.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Entonces, por ejemplo, dice una persona justamente indignada que la justicia no funciona y que por eso en Colombia están libres los criminales de la peor calaña y están presos jóvenes entre 18 y 24 años (ojo, mi franja de edad) que cometieron delitos menores. Esa misma persona señala como ejemplo que cualquier proceso hasta el final se demora unos 25 años y que sacar a un arrendador incumplido de un local o apartamento puede tardar unos dos años y medio. Ergo, la justicia no funciona.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Ahora, en derecho (me disculpo de antemano), cuando uno hace una “negación indefinida”, es decir, cuando uno afirma que la persona que se está demandando nunca cumplió (“Yo le di el carro y nunca me lo pagó”) la carga de la prueba se invierte y el que supuestamente incumplió es quien debe probar que sí lo hizo. Entonces el que tiene el carro puede sacar un comprobante de pago y demostrar que pagó la primera cuota. Si lo hace, al que hizo la negación se le cae el proceso porque sí hubo pago, pago parcial, pero pago. Y ahora lo tiene que demandar es por otra cosa, no por que no haya pagado sino porque no pagó todo. La moraleja es que las máximas se caen si hay al menos un indicio de que la máxima no es cierta. Demostrar el cumplimiento parcial no vuelve al incumplido bueno, pero refuta el primer argumento. Es como cuando uno llama a alguien y esta persona contesta y dice tu nunca me llamas. Falso, te estoy llamando. Casi nunca te llamo. Son aclaraciones semánticas, pero que, sostengo, son muy importantes.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">¿Por qué? Porque, ojo, la justicia también funciona. Cerca de 3000 tutelas que ya fueron falladas en 10 días hábiles llegan a revisión a la Corte Constitucional cada semana, están los procesos que abrió la Fiscalía recientemente, están los procesos de fijación de alimentos y fijaciones de cuota alimentaria que salen en un año, etc. Asimismo, la chica que es flaquísima puede serlo porque es bailarina y hace UN RESTO de ejercicio. O el chico que es gordo porque debe tomar cortisona todos los días. El mundo no es en blanco y negro.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Pero, a lo mejor, argumentativamente hablar en máximas es una excelente estrategia. Salir y decir que es que en este país nadie nunca ha hecho nada y que los ricos y que los políticos y que los gringos y que por eso estamos como estamos no solo es frecuente y poco original sino bastante plausible. Al fin de cuentas, sí estamos como estamos y sí ha habido ricos así, y políticos así, y gringos así. Pero también ha habido ricos todo bien, y políticos comprometidos y gringos… (bueno, no sé gringos… pero supongo que también). Es como cuando uno le dice al ex chic@ que tu nunca___, a pesar de que estuvieron juntos tanto tiempo y en dados momentos sí fuimos re felices. Lo que pasa es que admitir los grises lo vemos como signo de debilidad, y en esta selva nuestra mostrarse medianamente débil, medianamente dubitativo, medianamente dispuesto a considerar argumentos de lado y lado es signo de ser de la peor calaña. (Pero, por no caer en el error que señalo, aclaro que no siempre es una selva, hay gente muy chévere por ahí y gente que sí ha hecho muchas cosas).</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Del mismo modo, así como las cosas no son en blanco y negro, las personas tampoco lo son. El grueso de las personas no es brillante, ni es estúpido. Es capaz. Y hay miles de factores que hacen que de ser capaz uno pase a ser bueno, exitoso, feliz, etc. Entre esos miles de factores está la suerte, las oportunidades, pero, sobre todo, las que podemos controlar, como el trabajo y la perseverancia. Entonces, por ejemplo, la máxima no puede ser: “Como toteaste bachillerato (o superaste algún reto) demostraste que eres inteligentísima y te va a ir súper bien en la Universidad y en la vida”. Porque, como en la negación indefinida, al menor indicio de que no – digamos, un quiz en 0, un parcial en 2.5, el riesgo de perder una materia – se va a caer todo el argumento y entonces el silogismo se transforma: Si yo no soy inteligentísima, porque me voy echando x clase, entonces no me va a ir bien en la Universidad. Ni en la vida. Desastre. Es mejor tener no-máximas, sino principios, algo así: “Como toteaste bachillerato demostraste que eres capaz y que, si te esfuerzas, te va a ir bien…”. El principio es que si te esfuerzas, si trabajas, si pones atención, te va a ir bien a la larga. Entonces: si me hecho un parcial, un quiz, una materia, es que no estudié lo suficiente y ya, para la próxima estudio más. Mi autoestima a salvo. Porque no es fácil, no todo es fácil y llegarán obstáculos que cueste superar. (Y obvio, como hay otros factores, de pronto la suerte, la falta de oportunidades lo refutan, pero el principio no pierde validez).</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Y entonces, a diferencia de las máximas, el principio admite excepciones. Una excepción válida es la que, como se dice popularmente, “confirma la regla”. La excepción que confirma la regla no es, como en el ejemplo de “Tu nunca me llamas”, la llamada un vez al año. Ahí la regla describe una situación que no se cumple (te estoy llamando) y el principio no confirma nada de la regla porque, de nuevo, te estoy llamando. La excepción que confirma la regla es la que, a pesar de que es un comportamiento diferente al que se esperaría, confirma los fundamentos de la regla, el principio. Veamos: En nuestro ejemplo, el principio era “Si estudias juiciosa te va a ir bien”. Ahora, digamos que durante todo el semestre he estudiado juiciosa pero el día anterior al parcial algo pasó y no pude estudiar. Llegué, lo hice y, contra todo pronóstico, me fue muy bien. La regla sería: al que estudia para el parcial le va bien. Pero yo no estudié y me fue bien. ¿Regla refutada? No realmente porque, como vieron, lo que pasa es que estudié juiciosamente durante todo el semestre, entonces es una excepción válida (no estudiar para el parcial) que confirma el principio de que estudiar funciona. Lo mismo funcionaría si no estudio durante todo el semestre, estudio para el parcial e igual me va mal. La regla no se cae porque el principio (estudiar en general, no 3 horas antes) no se cumplió.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">(Qué ejemplo tan pedagógico el mío…)</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">A lo que voy es que las máximas intimidan. Las máximas condenan y no construyen. Las máximas, si existen, no admiten matices. A quién le sirve un sistema de justicia que no funciona. Para qué hombres y mujeres si todos son desastres y arpías, para qué ir a estudiar a Harvard si los gringos son malos (¡SIC!), para qué bregarle a una relación o a este país si desde la frase que usamos para describirla/o ya está condenada. No se trata de ser, tampoco, un tibio, que nada condena, nada castiga y todo lo tolera. Hay crímenes atroces que no admiten perdón – por muy pocas oportunidades que haya tenido quien lo comete, hay muchas otras personas en situaciones similares que no salen a matar/violar/etc. como quién sabe quien. Pero partir, de plano, de que no hay solución, de que las cosas son así y punto, tampoco aporta nada. Al contrario, a lo mejor desincentiva a ese juez (ese un juez, pero que vale oro) que sí trabaja y cree en su trabajo, a ese congresista que se da la pela de no defender intereses particulares, a esos gringos que tienen organizaciones de derechos humanos o se inventan formas de trabajar con energía limpia y demás, a esas personas que la embarran una vez pero podrían hacerlo bien una siguiente. A esos grises, que somos todos, en realidad.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Decir es que nadie-nunca-nada (ojalá bien duro, y serio, para sonar más autoritario) viene a ser más fácil que admitir que hay-gente-que-a-veces-algo y que aún así no basta. Que es más difícil, que me concierne también a mí, que se requiere mi pellejo. Porque yo (y usted) estoy súper incluida en ese nadie-nunca-nada, a lo mejor menos en el hay-gente-que-a-veces-algo y, mucho menos en el inexistente todos-siempre-todo. Entonces todos nos metemos al mismo costal, el costal de lo imposible, así son las cosas, nada que hacer. Destruyamos este desastre a ver si uno posterior sale mejor (¿de dónde?). En el camino, robémonos todo, plagiemos todo, el que gana es el que más saca no el que jugó como si era. Como si en el mundo todo fueran recursos renovables. Al fin de cuentas no vale ni el intento de hacer las cosas bien, esto está podrido &#8211; ¿por qué será?. Pero, esa tesis es insostenible porque – independientemente de si está podrido o no, no sé – lo nuevo lo haríamos nosotros mismos, los que hicieron la primera que no nos gustaba. Aquí, a lo mejor, no cabe el borrón y cuenta nueva. Como en la Calle 26.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr"><strong>Fotografía:</strong> (<span style="color:#800000;"><a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.0/"><span style="color:#800000;">cc</span></a></span>)<span style="color:#800000;"><a href="http://www.flickr.com/photos/troskiller/"><span style="color:#800000;">Troskiller</span></a></span></p>
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			<media:title type="html">El Amarre</media:title>
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		<title>Ojalá</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Jun 2012 11:00:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>escritoresinvitados</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Pajazos mentales]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Mujer]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Rodríguez]]></category>

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		<description><![CDATA[Me pregunto si la mujer del vestido amarillo realmente existió.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4761&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;">Por <span style="color:#800000;"><a href="http://censura20.com/tag/sebastian-rodriguez/"><span style="color:#800000;">Sebastián Rodríguez</span></a></span></p>
<p style="text-align:justify;">Numerosos son los relatos que nacieron de una coincidencia, de algo sin importancia, de un día cualquiera o una noche común. Lo cierto es que mientras estoy aquí, sentado frente a esta vieja máquina de escribir y sin la mas mínima intención, pero con la obligación de terminar un informe, no puedo dejar de pensar en esas coincidencias extraordinarias que ocurrieron el día nueve de julio del año en curso en el juzgado cuarto penal de donde tristemente soy secretario de despacho desde hace ya veinte años, cuatro meses y tres días.</p>
<p style="text-align:justify;">Poco importa para el relato qué juicio se llevaba acabo ese día, o quién era el individuo llevado ante los estrados de la justicia omnipresente (seguramente era uno más de los asesinos que matan por hambre o por gusto). La verdad es que no lo recuerdo. No me malinterpreten: durante mi larga y aburrida vida laboral he procurado hacer mi trabajo con mucha dedicación, pero dudo que el mismísimo y honorable juez se acuerde hoy del caso tratado aquella soleada mañana de verano.</p>
<p style="text-align:justify;">Ese día no hubo mucha asistencia a la sala. Además de los abogados de las partes, el fiscal, su señoría y yo, no habían más de tres personas como espectadores (supongo que estudiantes deseosos de justicia idílica o caminantes sin rumbo que van por el café gratis). Después de unos minutos de los alegatos, acusaciones y recursos de rutina, y ante el llamado de uno de los abogados (no recuerdo cual),  irrumpió ella en la sala para echar por el piso lo avanzado hasta ese momento, para cambiarlo todo para siempre.</p>
<p style="text-align:justify;">En este punto es contradictorio lo que los testigos sintieron pues la estética, como el amor, son relativos a cada uno de los espectadores, así que me limitaré a narrar exclusivamente mi experiencia personal. Mi muerte y resurrección, cómo me gusta llamarlo.</p>
<p style="text-align:justify;">Entró sin titubear con la actitud desalmada de toda roba corazones; con la certeza de quien sabe que está muy por encima de las posibilidades de cualquier hombre, sobre todo de los comunes y corrientes vestidos de traje que nos encontrábamos allí y que proliferan por cualquier parte. Tenía un vestido amarillo intenso que contrastaba con su pelo negro y sus ojos azul profundo con motas grises. Su cuerpo era perfecto, de esos que no se puede tocar a riesgo de morir de excitación. La sala se inundó de un aroma a miel, a almendras, o a cielo, un olor a Dios tal vez. Mientras caminaba al lugar donde se sentaría, todos la miramos pasmados, deseosos y enamorados (incluso sentí un suspiro de la otra mujer que estaba en el recinto como espectadora). Creo que escuche la voz de <span style="color:#800000;"><a title="La vie en rose - Louis Armstrong [Youtube]" href="http://www.youtube.com/watch?v=8IJzYAda1wA"><span style="color:#800000;">Armstrong cantando la vie en rose</span></a></span>, pero no puedo afirmar que fuera en otro lugar más que en mi corazón.</p>
<p style="text-align:justify;">Desde este momento todo fue confusión, caos, creación. Todos trataban de actuar normalmente, pero era inútil. Decían cosas sin sentido. Yo solo copiaba estupideces y el juez le preguntó a la mujer su nombre no una vez sino en repetidas ocasiones rompiendo cualquier protocolo y código ético. Ella solo nos miró sin intención de vernos y, mientras movía sus suaves labios rojos, respondía una y otra vez  Sweet, Sweet Yellow.</p>
<p style="text-align:justify;">Ella era elegante pero informal. Tenía unas manos delicadas pero no intactas; unos pechos redondos y perfectos como naranjas, lo suficientemente grandes para palparlos, pero no tanto para que perdieran cualquier sentido estético. Al caminar parecía hacerlo al ritmo de una pieza de Vivaldi, cómo si el aire a su alrededor le suavizara el paso. Su tez blanca era inmaculada sin llegar a ser descolorida. Hablaba con la autoridad de una intelectual, sin duda era Sweet, my Sweet.</p>
<p style="text-align:justify;">Para mí todo fue amor y pasión. Quería poseerla; besarla, amarla, protegerla, tal vez matarla y quedármela para siempre. Tal vez solo mirarla. Quería tanto que no sé qué quería. Ella era un jazz sin terminar, era los <span style="color:#800000;"><a title="Tengo una soledad tan concurrida tan llena de nostalgias y de rostros de vos de adioses hace tiempo y besos bienvenidos de primeras de cambio y de último vagón.  Tengo una soledad tan concurrida que puedo organizarla como una procesión por colores tamaños y promesas por época por tacto y por sabor.  Sin temblor de más me abrazo a tus ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos.  Estoy lleno de sombras de noches y deseos de risas y de alguna maldición.  Mis huéspedes concurren concurren como sueños con sus rencores nuevos su falta de candor yo les pongo una escoba tras la puerta porque quiero estar solo con mi rostro de vos.  Pero el rostro de vos mira a otra parte con sus ojos de amor que ya no aman como víveres que buscan su hambre miran y miran y apagan mi jornada.  Las paredes se van queda la noche las nostalgias se van no queda nada.  Ya mi rostro de vos cierra los ojos y es una soledad tan desolada." href="http://www.poemas-del-alma.com/rostro-de-vos.htm"><span style="color:#800000;">rostros de vos de Benedetti</span></a></span>, era el deseo carnal de todo adolescente, era narciso mujer, era todo y nada, era mi presenta y mi futuro.</p>
<p style="text-align:justify;">El juicio perdió todo sentido y ubicación espacio temporal. Solo era ella y nadie más. A la mierda las leyes, a la mierda usted señor juez. Lo único que importaba era guardar este momento en mi mente, inmortalizarlo, morirme con la imagen de sus ojos inocentes y su sonrisa virginal.</p>
<p style="text-align:justify;">No recuerdo cuánto tiempo pasó ni qué se sentenció en medio de la cálida lluvia de hormonas, pero, como todos los milagros, este no fue la excepción a la regla, ella no fue para siempre, Sweet se retiró sin despedirse, desapareció como llegó. Pero ya no importaba, se había incrustado en mi corazón marchito y juraría que en el de todos los demás pues, a partir de ese momento, comprendimos su ausencia eterna. Lloré en mi interior, grité sin voz. Habría querido morir de excitación, habría querido llorar en sus pechos.</p>
<p style="text-align:justify;">Ahora debo terminar un informe del juzgado mientras escucho en mi radio, una y otra vez,<span style="color:#800000;"> <a title="Ojalá - Silvio Rodríguez [Youtube]" href="http://www.youtube.com/watch?v=331r3WSDS5M"><span style="color:#800000;"><em>&#8220;ojalá por lo menos que me lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre en todos los segundos, en todas las visiones&#8221;</em></span></a></span>. Me pregunto si la mujer del vestido amarillo realmente existió.</p>
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			<media:title type="html">Vestido Amarillo</media:title>
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		<title>¿Y estos manes qué?</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jun 2012 18:21:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mockinpott</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diatribas]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Género]]></category>
		<category><![CDATA[Hombres]]></category>
		<category><![CDATA[Masculinidad]]></category>
		<category><![CDATA[Misantropía]]></category>
		<category><![CDATA[Patriarcado]]></category>

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		<description><![CDATA[Sobre la misantropía y los machos.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=censura20.com&#038;blog=4944790&#038;post=4748&#038;subd=censura20&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p id="internal-source-marker_0.207016919913257" style="text-align:center;" dir="ltr">Por <span style="color:#800000;"><a href="http://censura20.com/author/mockinpott/"><span style="color:#800000;">Mockinpott</span></a></span></p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Misantropía, era a lo que recurría cada vez que me indignaba por cuestiones que no soportaba y que atribuía a la humanidad, pero no era eso lo que en verdad estaba buscando como emblema. La misantropía es el desprecio por la humanidad y mi desprecio es específico hacia los hombres y lo masculino. Es tan patriarcal el mundo que habitamos que ni siquiera hay una palabra para eso que describo. El caso es que, en mi indignación, concluí que mi motivación misantrópica estaba dirigida solo a los aspectos masculinos de la humanidad, pero, más puntualmente, de la masculinidad moderna que ha constituido el espacio urbano en el que vivo, su estructura de ley y sus instituciones sociales y culturales. Esta vida en mi caso es Bogotana, pero se replica en muchos otros lugares modernamente organizados de Colombia y del mundo.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Mi desprecio es hacia esos hombres racionales, estoicos, emprendedores, ambiciosos, competitivos, invasivos, orgullosos y posesivos; próceres de la modernidad. Pero no sólo son los hombres privilegiados, también esos que desde las márgenes valoran estas cualidades y a pesar de no culminarlas en grandes empresas, avalan y admiran a aquellos que lo logran. Esos que sueñan no sólo con dominar a la mujer, sino también a los hombres diferentes, cualquiera que no sea de los suyos, dominar mercados, recursos y empresas tanto cómo se pueda. Esos hombres que no se detienen ante ninguna negativa, ni ante nadie. Esos que igualan su orgullo a su identidad. Esos que culpan a quienes afectan por no saber pelear y competir, o por “dejarse”. Esos grandes varones, machos, machos. Los mismos que acusan de “perras” a las mujeres que compiten con ellos como iguales, que se niegan a ser dominadas, sumisas o apropiadas. Pues cuando una mujer tiene esas características que tanto valoran en ellos, no las pueden ver sino como una amenaza, como una jauría de perras.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Tampoco desprecio únicamente a estos personajes sino al mundo y al estilo de vida que han constituido. Un mundo rígido que subyuga a las mujeres y a cualquiera que no comparta sus mezquinos valores de agresividad, competencia y propiedad. Ese mundo que no permite que las mujeres triunfen laboralmente sin abandonar cualquier expectativa de vida familiar o afectiva, sin esperar o demandar lo mismo de los varones. El que no remunera de igual los trabajos de ellas con sueldos inferiores. Que es incapaz de permitirle a ellas ocupar altos cargos por cualquier razón, una que puede usualmente simplificarse en que no es tan masculina (es decir, que no cumple con los requisitos del párrafo anterior). El que exige, explícita o tácitamente, que ella se dedique al hogar mientras exime o descalifica cualquier esfuerzo de él por involucrarse. El mismo que se apropia del cuerpo femenino para satisfacerse comprándolo, vendiéndolo, exhibiéndolo, explotándolo y violándolo (si se “rehusó” a las anteriores o si tan sólo “dió papaya”). El que castiga a los hombres que expresan cariño, amor o deseo por otro hombre, y castiga aún con más violencia a las mujeres que desean o aman a otras y no a ellos.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">No soporto seguir viendo mujeres maravillosas que enfrentan la soledad al ver que los hombres se intimidan por su éxito profesional y su independencia. Otras que son abandonadas por querer tener una vida profesional. Aquellas que se encuentran en su edad madura, o antes, encerradas en una casa sin independencia ni posibilidad de encontrarla, por haberla sacrificado para darle a un marido la suya. Las que se ven señaladas por sus familias al declarar su amor por una compañera. Muchas sometidas a golpes a guardar silencio. Quienes temen a las calles de su ciudad, por no ser éstas seguras para ellas. Trabajadoras que no son tomadas en serio en su trabajo al menos que se ofrezcan sexualmente. Mujeres abusadas y violentadas en cuanta forma imaginable.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">Ni aguanto ver a hombres compasivos, cariñosos y prudentes azotados en un competencia feroz, en un disciplinamiento violento de agresiones sucesivas, servicio militar, golpes, humillaciones e insultos. Hombres que se entregan a la depresión o se van al otro lado del mundo con el único deseo de poder dar y recibir amor a quien quieran sin ser agredidos por ello. Algunos de los que valen la pena, reciben los castigos de mujeres que desvían su odio contra los machotes hacia el primer varón que encuentran. ¿Quién las culpa de embarazarse para retenerlo como marrano y que pague sus caprichos y deseos? ¿Cómo reprenderlas por engendrar artilugios manipuladores para hacerse una vida “digna” con uno de ellos? Es eso, someterse o entrar en las porquerías que le ofrece el mercado laboral que ya describí. El problema es que suelen agredir a hombres comprensivos y valientes por vengarse de los verdaderos cabrones. Los machos de verdad no se dejan amarrar, les pagan para no encartarse, las muelen a palos, o se pierden.</p>
<p style="text-align:justify;" dir="ltr">En fin, los hombres como el protagonista de “<span style="color:#800000;"><a href="http://censura20.com/2012/04/29/que-lindo-es-el-amor/"><span style="color:#800000;">Natalia</span></a></span>” o, para entrar en tema “de moda”, el agresor de Rosa Elvira Cely, son los casos extremos de la horripilancia de la testosterona. Pero ninguna de las fantochadas aquí mencionadas es menos repulsiva y horrenda que estos casos extremos. Este no es un problema de mujeres. Es un problema de hombres que afecta a las mujeres. Este mundo le quedó grande a los hombres que resignados, como los describe <span style="color:#800000;"><a href="http://www.youtube.com/watch?v=RkqPu8CQ1bI"><span style="color:#800000;">Grinderman</span></a></span>, ya no tienen a donde avanzar. Así que si esto va a mejorar será por hombres afeminados. No por lo “maricas” o “maniquebrados”, sino por aceptar las cualidades femeninas de la compasión, del cuidado, de una comunicación sincera y del amor sobre todas las cosas. Los que respetamos a la mujer como sujeto e igual. Aquellos ciegamente dispuestos a repararlas en lo posible y a construir un mundo nuevo en su compañía. Esos somos los que hemos de llevar a los hombres a mejores tiempos, si es que lo logramos. Hombres como estos:</p>
<p style="text-align:center;" dir="ltr"><span class='embed-youtube' style='text-align:center; display: block;'><iframe class='youtube-player' type='text/html' width='594' height='365' src='http://www.youtube.com/embed/hPOEM1H7VwI?version=3&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;showinfo=1&#038;iv_load_policy=1&#038;wmode=transparent' frameborder='0'></iframe></span></p>
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