En mi anterior columna del tema, planteé que existía un problema jurídico difícil de resolver al momento en que hubiera cambio de presidente sin que se hubiera elegido al Fiscal. ¿Podría el nuevo presidente nombrar otra terna o no? fue mi pregunta. Ahora parece claro que eso es precisamente lo que va a suceder. Santos nombrará una nueva terna en un gesto de reconciliación del poder ejecutivo con el judicial, y la Corte elegirá. ¿Sería esta la solución correcta? La verdad creo que a pocos interesa si es o no el camino adecuado.
La primera, es que el ejecutivo realice una tarea juiciosa y responsable, de tal manera que presente los candidatos más calificados e imparciales, ante lo cual la Corte Suprema elige el mejor. La segunda situación, es que el ejecutivo, con el fin de tener un Fiscal General de bolsillo, presente una terna inidonea[13], ante lo cual, la Corte Suprema, temiendo las consecuencias nefastas que esto traería para la sociedad, y particularmente para las víctimas, decide no elegir a ningún candidato, produciendo un circulo vicioso de choque de poderes en el que ninguno de los dos tiene razón ni está equivocado.
El asunto se salió de las manos de todos. El presidente, ante la renuncia de dos de los ternados, postuló a otras dos personas. Pasan los meses… la Corte vota una y otra vez sin llegar al número de votos necesarios para la elección del sucesor al cargo. Ahora pienso: ¿Será que tenemos un grave problema de arquitectura constitucional?
Por Paola Ordóñez Ya estamos a 16 de diciembre y nada que tenemos Fiscal General de la Nación. Increíble. Escribí una columna de este mismo tema hace ya varias semanas con la intención de suscitar debate respecto al tema, sin embrago, por un comentario que tuve en mi artículo intuyo que no a todo el mundo… [Leer más…]
julio 27, 2010 porpaordoneza
4